Un viernes de miercoles…

Estándar

dog at nightMis lágrimas rodaron en mi rostro mientras abrasaba  a mi madre y al comprender y sentir que realmente había sido un día con muchos de mis sentimientos confusos. No sabía con certeza si realmente lloraba porque me sentía sola, abandonada, desdichada, o porque una vez más comprendía que siempre algo debe ocurrirme y confunde mis sentimientos  con mis pensamientos.

 El día ya estaba por acabar y la noche por empezar, acaba de salir de clases de conversación de ingles. Mi profesor adorado, con una mirada muy peculiar y encantadora al igual que su sonrisa, me decía que no llegara tarde la próxima clase. Encendí  un cigarro, como de costumbre cuando la noche esta fría y necesito pensar en lo transcurrido en mi día, mientras caminaba a un paradero para tomar un bus rumbo al trabajo.

 Ya en el bus camino al trabajo, pues la noche recién empezaba para mí, en cuestiones de laborar, sentí un gran cansancio que cerraba mis ojos transportándome hasta mi cama, la cual sabría que no la sentiría hasta pasada la media noche de aquel día. Almorcé (a las 745pm) antes de trabajar, y mientras lo hacía se me ocurrían las ideas de salir corriendo y dejar todo tirado para retornar a casa y simplemente dormir.

 La noche ya había transcurrido, la venta ya había pasado, y el estrés del momento ya me había dejado exhausta. Lo único que quería era salir a tiempo o antes de tiempo para retornar a mi casa después de un largo día. Llegó la  una de la mañana, tenía todo el dinero de mi caja, muy segura de todo, pues no suelo tener faltantes de caja.

 Sin embargo al parecer aquel día no sería como nunca lo espero, tenía que pagar la suma de 200 soles, pero mi impotencia y tranquilidad a la vez hicieron que me quedara más de la hora para encontrar la razón y el dinero perdido. Suerte quizá no lo fue, pero todo estuvo bien, una vez más me había librado de un faltante en mi caja. Ya tranquila y algo preocupada tome un taxi, el cual me cobro dos soles por dos cuadras, para que me llevara a mi paradero, pues me esperaría un largo viaje para llegar a casa. Ya era las 230 de la mañana.

 Después de estar unos minutos sentada dentro del auto que me llevaría sana y salva a casa, aparecieron tres mujeres de diferentes edades que lograron llenar el auto para poder  ponernos en marcha a nuestras casas. Cerré mis ojos ya cansados por unos minutos, deseando ya estar en casa, hasta que me dí cuenta que estas tres mujeres habían bajado antes de tiempo de llegar al menos unos kilómetros antes de mi casa. Me había quedado sola, el conductor y yo.  Una vez más mis pensamientos en blanco y haciendo que la tranquilidad se ponga de mi lado. El carro a toda velocidad llegaba cada vez más cerca de casa, pero lejos a la vez.

 Mientras intentaba no pensar en que debía hacer si me dejaba lejos de casa, pues pensaba caminar rumbo a ella, si el chofer no quería llevarme. El inicio de una conversación hico que entendiera que el señor muy amable se compadeciera de mí y me llevara hasta la puerta de mi casa. Aunque al parece eso me costaría unas lagrimas y penas al ver por unos segundos como un perro había perdido la vida. Mi carro, el cual me llevaba a casa sin importar la hora que fuera y cuan lejos se dirigía, había atropellado a un perro. No deje de pensar en el y en como debía sentirse, me pregunto “si ese fue el precio real que debí pagar por llegar a casa”.

 Hablamos de nuestras familias, de matrimonio, de enamorados, de mis objetivos, de mi trabajo y de mis estudios para acortar el viaje hasta llegar a casa. Sin darme cuenta y pensando aun en el perro fallecido, el auto ya se había estacionado en la puerta de mi casa. Devolví dinero de más, al señor que conducía el auto, pues se había confundido al darme mi vuelto. Me agradeció por mi honradez y solo alcancé a decirle “Gracias, y con respecto a mi honradez, solo recuerde que hay que tratar a las personas como nos gustaría que nos traten”.

 Baje del auto, sonreí y agradecía ya estar en casa, mis lagrimas querían brotar de tristeza por la vida perdida de un animal al cual no conozco y no conocí pero lamente su muerte, hasta que escuche una voz, la de mi made, que me dijo “yo te abro la puerta”, me había estado esperando, pues ya eran las 330 de la mañana.

 Mi tristeza por mi gran  día me desmoronó y solo la abrace, mis lágrimas cayeron mientras le contaba mis experiencias, aunque sabría que no comprendería mi sentir por cada pequeñez que me pueda pasar a lo largo de días en mi vida. La importancia que le doy a los detalles que presentan mis días. Y el significado que me busco a mi vida.

 Algo mas para comprender que algo en esta vida, seguiré pensando en la razón y significado de ello, aunque se que lo olvidaré con el tiempo.

 

(Viernes  – sábado 4 de julio – 4:45 am)

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