Entre amaneceres

Estándar

amanecer

Me acuesto programando a  conciencia con  preocupación de levantarme quince minutos antes de las seis, pues por laguna razón sigo pensando que lograre cambiarme a tiempo en veinte minutos. La época del año no ayuda, es invierno, y lo único que quiero es permanecer en cama con el calientito de mis frazadas y cobijas que me protegen de este infernal frió.

 Es la  tercera semana desde que iniciaron las clases, y aun no logro calcular el tiempo adecuado para tomar un solo bus y dejar de gastar dinero en taxis. Me des presupuestan  la mesada que asigno solo  para mis pasajes. Han sido duras,  ya que mi organismo no quiere, por alguna razón, aceptar tal horario.

 El  despertador suena 5: 35 am, mis ojos se abren con mucho esfuerzo.

Programo 5:45, aun quiero dormir aunque sea solo diez minutos más, además hace frió y aun es oscuro.

Algunos días suelen pasarme que ya no oigo la segunda programación del despertador.

6:00 am. Me despiertote de un tiro viendo lo tarde que es, quizás quince minutos me alcancen para asearme y cambiarme, peinarme, ponerme delineador en los ojos y algo de rubor en las mejillas.

Veo el cielo por si hará frió para coger alguna bufanda, o sino simplemente llevar una casaca algo caliente.

Cojo mis cosas esperando no olvidar nada. En especial mis anteojos.

A las 6:35 salgo de casa, después de un saludo algo sucio por mis perros, abro la puerta las luces publicas aun están prendidas, algunos carros circulan. Veo la hora es tarde como para tomar bus, tengo que tomar taxi.

“Hasta donde vas?” Mis repuesta de siempre “la fontana”. Subo esperando poder dormir algo más, perola música y la extraña sensación de no pensar en nada me detiene, dejando mis ojos abiertos; pensando en algo que no recuerdo después.

“Bajo a la altura del instituto”…(redigo al taxista) veo oportunidad para cruzar la pista. Saludo al vigilante de la puesta, veo la hora del reloj que se encuentra en plena entrada. Es tarde no importa, no puedo darme el lujo de perder alguna clase, aunque lo que más desearía sería estar en casa durmiendo hasta tarde como antes lo hacía.

Me asomo a la pequeña ventana que tienen todas las puertas de los salones.

Miro al profesor preguntándole desde fuera si puedo pasar – se que no me escuchara, pero una mirada bastara –  hace un gesto con su mano o cabeza y puedo entrar.

Por alguna razón, pienso, ya estoy aquí, sana y salva y el día comienza otra vez…

 Solo que ahora son nuevos y diferentes. Nuevas rutinas, nuevos días, nuevas circunstancias, nuevos cansancios, nuevos trabajos… nuevos, nuevos.

 

 

 

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Un comentario »

  1. La rutina ardua y tirana muchas veces…
    Tal vez no le demos valor y al final del día tiene un sentido que parecía imposible encontrarle…
    Si bien despiertas todos los días a igual hora como dices las nuevas circunstancias hacen que se pierda la monotonía.
    Muchas gracias por pasar por mi blog, el tuyo es eternamente agradable!!!
    besitos…

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