Desde el otro lado

Estándar

 Su aliento lo había despertado una vez más, ya casi se había vuelto una costumbre. El reloj marcaba las 5 de la mañana, escucho algunos ruidos en la cocina y no dudó en bajar para ver si por alguna razón extraña la encontraría.

 Bajó al primer nivel de la casa que habían compartido por mucho tiempo desde que se casarón, pasó por el comedor y logró ver su silla fuera de lugar, la tocó y aun mantenía aquel calor de sus muslos. Luego pasó a la cocina y encontró su taza lista para recibir el agua recién hervida de la tetera que se mantenía caliente en la estufa.

Mientras pensaba que ya se había convertido en costumbre aquellos sucesos, y que de contárselos a alguien más no tendría sentido. Un ligero viento helado de la mañana le recordó que aun podría descansar, que la noche aun se mantenía; y que ya no la encontraría así la buscara en cada rincón de la casa.

Al regresar a la habitación que compartieron, se dio con la sorpresa que las cortinas ya estaban abiertas, estaban justamente abiertas de la misma forma que ella acostumbraba recogerlas para dejar entrar la luz del día, pues de esa forma lo levantaba temprano para el trabajo.

Roberto había dejado de ir al trabajo después de todo lo ocurrido. Solo permanecía en la casa, buscando el vago recuerdo de ella, no quería dejarla. El sentía que si salía de casa, se perdería en el camino. No sabría cuanto tiempo lo soportaría pues habían pasado unos meses desde que sus días empezaron a ser rutinarios, aquellos en donde el siempre iba detrás de los rastros de ella que pensaba sentirlos, aun mantenía la pena de no volver a encontrarla en todo sus intentos. Ya eran tres meses que despertaba con su aliento, encontraba el agua hirviendo, una taza lista para un té caliente y las cortinas de la habitación abiertas como ella solía hacerlo.

El no la quería olvidar, quería respuestas. Una de sus tantas preguntas era encontrar la razón porqué ya no habían fotos de el y de ambos juntos en la casa, Sus cosas habían desaparecido y de pronto tenía la sensación que todo iba cambiando de lugar.

Un día en su búsqueda de respuestas y con la intención de encontrar a ella detrás de cada movimiento que se realizaba en la casa. Se sumergió en el ático, aquel lugar en donde solían guardar cosas que ellos ya no querían ver y pensaban en desecharlas. Ahí encontró diferentes cajas, las de navidades pasadas, juguetes de cuando eran niños y que algún día habrían querido conservarlos, libros y archivos del trabajo, entre otras cosas más. El polvo le cerraba los pulmones, sabía que su alergia no le permitiría estar más tiempo.

Así que decidió salir, mientras cogía la puerta para cerrarla unas cajas llamaron su atención; ambas tenían su nombre escrito con la letra de ella. Se acerco sin importar el polvo que se había levantado con el movimiento de las otras cajas. Las cogió las llevó a la luz de la pequeña ventana. Abrió la más pequeña y en ella encontró todas sus fotos, las de el solo y las de ambos que en alguna ocasión se habrían tomado juntos. Su corazón latía cada vez más fuerte, sentía como un pequeño dolor en la cabeza iba creciendo, muchos pensamientos se le cruzaban, su mente se rehusaba a recordar algo que el había intentado suprimir de su memoria. El dolor empezaba a invadirlo cuando más se esforzaba.

 Los recuerdos empezaron a cruzarse por su mente, ambos juntos felices, aquellos juegos que tenían cuando miraban la televisión, su pasión que compartían por las plantas del jardín. Todo era feliz, hasta que se impresionó con un recuerdo de aquel rostro de ella cuando los celos la invadían. Entonces las peleas se iniciaban.

No comprendía lo que ocurría, Roberto solo encontraba más fotos en la pequeña caja, sueltas sin marco, listas para ser desechadas. Lleno de desesperación las dejó caer al suelo. Rápidamente abrió la otra caja, una más grande, y entonces empezó a vaciarla por completa, todas sus pertenencias estaban ahí, su ropa, polos, zapatos, sacos del trabajo. En eso levanto la mirada y empezó a buscar con la vista más cajas, se acercaba a aquellas que intentaban esconder otras detrás, las movía y se daba con la sorpresa que habían más con su nombre.

Las miraba y temía abrirlas, sabía lo que encontraría pero no comprendía porque todas las cosas que le pertenecían, o que tenían algún tipo de relación con el estaban en el ático. Recogió de prisa algunas fotos que dejo caer y salió corriendo tras escuchar un sonido de la puerta principal cerrándose, como si alguien hubiera entrado.

 Bajó hasta la sala esperando encontrarla, no había nadie, solo las fotos de ella por donde mirara. Corrió a la habitación esperando encontrar algo. Sabía que no habría nadie, lo único que necesitaba eran respuestas, se sentó con desesperación en la cama, intentando recordar algo, buscar respuestas en sus recuerdos o pensamientos.

En aquel momento alcanzó escuchar unas voces por el jardín, reconoció una de ellas, era precisamente la de Laura. El no olvidaría su vos. Se levantó de golpe de la cama y se asomó por la ventana. Por fin, la había encontrado estaba acompañada por una de sus mejores amigas. La vio fijamente, intentaba llamarla, gritó fuertemente, pero fue en vano, ella no volteaba, no lo podía escuchar.

Salió de la habitación a toda prisa, bajó las escaleras corriendo, gritando, llamando el nombre de Laura con desesperación, quería preguntarle qué ha pasado. Porque sus cosas ya no estaban. Abrió con fuerza la puerta de la casa, como si un fuerte viento la abriera de golpe. Y gritó: Laura!!!…que significa todo esto?!

 Laura no volteó siguió conversando con su amiga, mientras la acompañaba a la puerta principal. Roberto solo alcanzó a escuchar una parte de la conversación.

 “Lo lamento, segura que ya estas bien. Imagino lo doloroso que ha sido. Le decía aquella mujer que acompaña a Laura, mientras la abrazaba como consolándola. No te preocupes, ya he conseguido quien compre la casa. Me mudare dentro de unos días. Ya he recogido sus cosas, para que no me recuerden a él,” fue la respuesta de Laura.

 Entonces Roberto lo comprendió todo. Los recuerdos habían regresado a él. Mientras sus lágrimas caían y sus ojos se mantienen cerrados. Vuelvió a vivir aquel momento en donde su corazón dejo de latir después de unas apuñaladas que recibió mientras dormía.

Laura había acabado con su vida después de uno de sus tantos ataques de celos.

Las lágrimas de Roberto aun caían. Hasta que abrió sus ojos y la vio venir frente a él, a aquella mujer, a quien había amado hasta ese momento. Entonces solo alcanzo a decirle: ¿por qué? mientras ella pasaba sobre él, sobre su alma dolida, soltando una sonrisa llena de maldad después de haber cumplido algo.

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