El Último día…

Estándar

Once de la mañana su clase ya había terminado, cogió sus cosas, se despidió de sus amigas, y se coloco sus audífonos antes de salir camino al trabajo. 

Salió por la puerta trasera la que daba con la avenida principal. Vio su reloj, era aun temprano así que decidió caminar. La música no le dejaba percibir otros sonidos del exterior. Decidió sacar su libro y leer mientras caminaba, la historia que había dejado inconclusa en el bus llamaba su atención, muchas veces le había resultado caminar y leer, pues pensaba que así aprovechaba su tiempo, escuchar música, leer y caminar a la misma vez. 

Las personas la alcanzaban en su caminar lento, el reflejo de sus ojos le permitía ver cuando las personas pasan delante de ella o cuando venía alguien mas distraído y así podría esquivarlo. Antes de llegar al paradero se detuvo mientras la luz roja del semáforo cambiaba para poder permitirle cruzar la calle. 

Mientras los minutos pasaban del semáforo inteligente, pronto le avisaría que ya era tiempote cruzar, ella seguía leyendo, cuando de pronto una mano cogió su hombro. 

Fue una sensación lenta y fuerte a la vez. Ella cerro el libro rápidamente sin macar donde se quedaba en su lectura, levanto la mirada y volteo sorprendida. No alcanzo a decir una sola palabra pues solo vio como un rostro tan suave y tierno se le acercaba y juntaba sus labios con los de ella y lograba darle un beso. 

La sensación fue inesperada, mientras sus labios se humedecían con los de la otra persona. Y  mientras ella tenía sus ojos cerrados, sentía como unas manos suavemente cogían su cintura y hacían que ambos cuerpos se acercaran cada vez más. Ella dejo caer su libro para poner sus manos alrededor del cuello de el. 

Sin darse cuenta el inesperado beso había terminado y un eterno abrazo le precedía. Ella podía percibir su aroma y lograba reconocerlo, no le importaba no entender las cosas y la razón de cuan rápido había  ocurrido todo. Aun tenía los ojos cerrados y recordaba todas aquellas miradas lejanas que tuvo de el, pero ahora lo tenía tan cerca  que podía sentir los latidos de su corazón y el de sentir su delicado beso. Se le ocurrían muchos pensamientos pero  ninguno importaba. 

El semáforo ya había cambiado, los 65 segundos que marcaba para cambiar de rojo a verde habían finalizado. Los carros empezaron a transcurrir soltando un ligero viento sobre ambos, el silencio perduraba hasta que ella abrió sus ojos y dijo como murmurando – ¿por qué? – mientras se mantenían en su eterno abrazo. Hoy me voy lejos de la ciudad, ha surgido un problema en una de las tiendas de mi padre fuera del país y me mandara a mí para solucionarlo, el  respondió intentando mantenerla cerca. 

Ella deslazó sus brazos de su cuello  y lo miró fijamente, se deleitaba con su suave rostro, su tierna mirada, su cabello desordenado y su piel canela radiante. Bajo su mirada dando a entender que ubicaba su libro que había dejado caer y mientras lo hacia murmuraba para el – solo porque te vas lejos, te has atrevido a acercarte a mí. Solo cuando es el último día. Solo porque estamos lejos de los demás. Solo por eso. Sus lagrimas querían desbordarse pero su fortaleza al estar frente a el contuvieron su llanto. 

Hoy me voy y quiero que vengas conmigo – le dijo mientras levanta el rostro de ella para decírselo mirándola a sus tiernos ojos que aun guardaban tristeza. 

Ella recogió su libro, levanto su mirada  y le dijo con una sonrisa en el rostro –gracias, pero aun hay tanto que tengo que hacer, mis decisiones no son tan sencillas como las tuyas, gracias. Cogió su hombro, le dio un beso en la mejilla y alcanzo a la luz verde en sus últimos segundos, para poder cruzar la doble vía. 

Seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, ámbar y cambió a rojo el semáforo, impidiéndole a el poder cruzar para ir detrás de ella. Los buses impidieron seguirla con la mirada, el seguía parado esperando con ansias poder cruzar, pero la vías estaban llenas de carros y buses. Sacó su celular para marcar su número, el que  había conseguido preguntado en información del centro de estudios y la gentil chica se lo había brindado. 

Timbró una vez, dos veces y en eso unas llantas rechinaron con el freno forzado de un auto. Todos los carros se detuvieron y sorprendidos por lo visto muchas personas corrieron y bajaron de sus carros para ver lo que había pasado. El colgó su llamada, cruzo entre los carros y entre el montón de personas que gritaban entre sí totalmente desesperadas – llamen a una ambulancia, alguien es médico, los bomberos, no la muevan – y con vos de culpa y asustado el conductor causante del accidente le decía a los demás espectadores – solo baje la mirada para ver quien me llamaba por el celular y cuando la volví a levantarla ella estaba frente a mí, no ha sido mi intención. 

El se acercaba para ver lo ocurrido y en eso vio tirado a un lado el libro de ella con las páginas dejándose pasar por el viento. Dio unos pasos más y la vio. Estaba ahí tendida, su moño se había desarmado, su rostro tenia algunos rasguños un gran charco de sangre se había formado alrededor de su cabeza. Una de las persona que intentaba socorrerla lo miró y sorprendida  por su reacción y de la forma como la miraba, y le pregunto – ¿la conoces? – y el tras el susto y con temor en sus ojos no pudo responder. Solo las lágrimas brotaron en respuesta de una tristeza profunda y repentina.

He vuelto a leer esta historia luego de 2 años y me dí cuenta que fue un desastre, sin embargo me gusto la última parte que ahora está acá.

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