Encontrando a un ángel

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imagen: celene a.

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Un domingo a primera hora de la mañana, cogió su bicicleta y salió a toda velocidad. La primera canción que sonó en su MP3 era justa para iniciar lo que se había propuesto.

Mientras se alejaba cada vez más de casa, iba sintiendo la libertad que le faltaba. Creía que pronto le saldrían alas y que volaría para el cielo. Aun guardaba la idea de que los ángeles, aquellas imágenes de personas con alas que siempre había visto en las iglesias, si existían.  Pues según las historias de su abuelo así sería.

Se alejaba poco a poco del pueblo, pasando las calles desoladas y entrando a un denso bosque. Cuando lo hizo, el aire frío cambió por el fresco, y el olor  del pueblo por uno floral. La trocha era cada vez más dura, pero su determinación de llegar a lo más alto del bosque la hacía continuar. Pues tenía que estar ahí, antes que el sol saliera si no todo sería en vano.

Iba avanzando con prisa aunque con dificultad, hasta que una espina en el camino logro bajar la llanta de su bicicleta pero no la detuvo. Solo se aseguró que realmente las ruedas no daban para más, pues ya habían hecho su trabajo. Dejó la bici recostada en un árbol, y siguió a pie a toda prisa. Ya no faltaba mucho solo unos minutos, y estaría en lo más alto del bosque.

Luego de correr y caminar ya vencida por el cansancio. Llegó hasta la cima. El sol aún no se asomaba, pero ya se acercaba la hora indicada. Sacó una botella de agua de la mochila que llevaba con ella, y sentada en el pasto húmedo del suelo bebió un gran sorbo que logró saciar su sed.

Mientras miraba al horizonte, viendo cómo las nubes le hacían espacio a la salida del sol. Escuchó unos pasos cansados que se acercaban, se dio vuelta y dijo: – “mucho has tardado” “Estoy más lejos tú, y he llegado antes!” 

– “No te enojes, también he sufrido para llegar. Vi tu bici parkeada en un árbol y entonces supe que ya estabas aquí. Así que me apresuré lo más que pude” – le contesto un chico mientras se quitaba una gran mochila de la espalda.

– “Pues debiste levantarte más temprano!” – requintó ella.

– “No me llames la atención que no eres mi hermana mayor” “Además estoy aquí a la hora indicada, eres tu quien ha venido antes, por propia voluntad” – le dijo él mientras se sentaba junto a ella.

El, un amigo del barrio, había aceptado acompañarla a aquel lugar, luego de escuchar la historia que ella le contó tal cual su abuelo le había narrado. La sorprendente historia lo había cautivado tanto, que la convenció de ir la mañana siguiente en busca de lo que ella quería comprobar según lo que su abuelo le había contado. Él le había prometido llevar algunos equipos que la ayudarían, y ella había aceptado con mucha emoción. Pues había encontrado a otra persona que se interesara por las increíbles historias de su abuelo, y lo que más la alegraba era que esa persona, también estaba dispuesta a ir  en busca de todas esas evidencias que volverían reales o falsas todos los cuentos de su abuelo.  

– “Bueno! Has traído lo que me dijiste?” – pregunto ella mientras guardaba su botella entre sus cosas.

– “No es que lo haya traído. Sino que lo llevo conmigo” – le respondió él con misterio – ‘He traído algo de comida, antes de empezar con lo que te prometí’ – continuó mientras abría una bolsa de tela, con panes dulces y salados que había traído de la panadería y se los ofreció.

Ella acepto comer algo, su emoción de la noche anterior no la había dejado comer bien. Había esperado por esa mañana con muchas ansias. Así que su estomago ya le estaba reclamando.  Comió dos panes con muchas ganas y muy rápidamente. El le ofreció más pero ella se negó. Entonces el comprendió que ella ya no podía esperar más. Así que guardó su bolsa con los panes restantes y se paró. 

–  ‘Ha llegado la hora’ – le dijo mientras la ayudaba a levantarse al lado de el.

Ella no dijo nada, sus ojos no dejaban de ver el horizonte. El cielo empezaba a despejarse más y un fuerte resplandor se veía detrás de los  cerros. El sol estaba espesando a salir. 

–  Tienes que dar unos pasos atrás – le dijo él mientras la ayudaba a retroceder.

– Cómo que más atrás?  – pregunto – Se supones que tengo que verlos!  Como los veré si me alejas de la orilla. – continuó reclamando ella.

– Solo hazme caso. Ya veras que desde donde estas podrás ver uno muy cerca – respondió  intentando calmar su reclamo. El dio unos pasos  más delante de ella poniéndose en su enfrente, esperando al sol que estaba saliendo.

Ella Siguió quejándose de su ubicación, temía que su esfuerzo  de estar ahí tan temprano y comprobar la historia de su abuelo, acerca de los ángeles se echara a perder por las indicaciones de un viejo amigo que siempre tenía la razón. Enojada por ello empezó a caminar hacia él hasta que la fuerte luz del sol la hizo detenerse. Tapó sus ojos con sus manos protegiéndose, hasta que escuchó un sonido extraño que no logró reconocer y una sombra repentina la ayudo con la incomodidad del resplandor que le daba en su rostro.

Quitó sus manos de su cara. Ya estaba frente a él a unos tres pasos. El sol ya había salido, pero no la incomodaba a ella pues la gran sombra que le llegaba, era la de las alas de él. Las que se habían abierto, justo con la salida del sol.

No dijo ni una palabra, solo dio los tres pasos que la separaban de él. Y lo abrazó. El correspondió rodeándola con sus brazos y alas a la vez.

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