SUBTE! llévame a otro mundo

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imagen: celene a.

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El cambio de rojo a verde de un semáforo es mi aviso para tocar el timbre y así pedirle al colectivero que la próxima parada es la mía. La bajada es rápida, camino a prisa y un muñequito de luz blanca me indica que puedo cruzar a salvo la gran avenida.

Un letrero rojo sin luz que se perciba en la noche me dice que por ahí es mi ingreso para el subte, bajo a trote las escales que me llevan bajo tierra, suena la máquina aceptando mi tarjeta y entonces estoy dentro de la estación, lista para tomar el subte.

Mis pies están bastante cerca la orilla, dos o tres metros me separan de carril lleno de pequeñas piedras y solitario que espera el subte. Quizá muchos piensen que podría cometer un suicidio, pero es la única forma que encuentro de alejarme de los demás que también están atentos a su llegada.

Suena un chillido de chispas que salen de fierros chocando uno a otro, el sub ya llegó. Una brisa se siente gracias a la velocidad con la pasa delante de mí, mientras se va deteniendo hay que ver que vagón está más lleno o vacío que otro para alcanzar un espacio dentro. Si está lleno, pues a contener el aire para que alguien más pueda caber, si está vacío hay que buscar el mejor espacio o adivinar quién baja en la próxima parada y ganar su asiento.

Ya dentro la vida es otra, no hay paisajes de calles o edificios que ver  por las ventanas, si lo haces solo veras un negro profundo que se corta con las luces del túnel a gran velocidad. El viento no es fresco ni mucho menos puro, es aire que circula de las personas mismas, calient , lleno de vapor y un olor que es mezcla de perfumes buenos y malos, baratos y caros.

Nadie conoce a nadie dentro del vagón, a no ser que ya hayas ingresado con compañía. Por ello todos buscan escapar de alguna forma ahí, buscan salir y encontrarse en otro lugar. Rebuscan entre juegos de celular, viven y disfrutan de conversaciones por FB o whatsapp, se pierden las miradas entre libros interesantes o lecturas de la universidad. Y si no tienes ninguna herramienta que te ayude a escapar pues puedes perderte en la nada y solo dejarte llevar por el piso o el techo. Yo releo los anuncios que hay en las paredes de aluminio, los leo buscando un error, buscando una historia o buscando una salida para no cruzar mirada con ningún otro.

Cada parada es anuncio que puedes salir rápido de ahí, algunos ya saben cuál optar sin notar el nombre, otros levantan la mirada en cada una de ellas para saber si ya es hora; y si no es, pues hay que perderse por un tiempo más.

Final de la parada, final del recorrido, mi tiempo de salir de ahí ha llegado, fuera del subte es otro mundo desde el momento que todos salen a prisa para las salidas que te llevan a la superficie, el otro mundo.

A veces quisiera simplemente no salir, sentarme y sentirme en un ir y venir, ver la gente subiendo y bajando siguiendo la misma rutina. Todo pasa más rápido, más lento no importa el tiempo, no hay sol ni luna que te indique si es de día o noche. Por un momento se deja de ser cómo los demás, corriendo para continuar con la vida que quedó fuera de la estación. Por un momento en el subte puedes ser simplemente un observador más.

 

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