Un país que pide ayuda

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Imagen desde prensatur. com

Vivo en un país que pide ayuda en silencio, en dónde muchas personas son espectadoras de aquello que saben que es incorrecto pero no actúan para aportar al, aunque pequeño, cambio que puede ser progresivo.

Vivo en Perú, en Lima, hace tres meses regresé de estar otros meses en otro país, y al igual que muchos que han salido de las fronteras peruanas he hecho mis comparaciones y me he cuestionado porque no podemos ser mejores o trabajar para superar esos errores que tiene el país, porque no podemos aportar un pequeño grano a la construcción de un país mejor para nosotros y para quienes vendrán después. Porque todo debe ser dinero para los que tienen más, porque todos tienen que ver solo para su beneficio propio atropellando a los demás, porque no podemos ver que con una pisca de honestidad se pueden ser mejores personas, porque no pueden comprender que la vida no se trata de tener más sino de aprender y mejorar en si la vida misma para uno mismo y para los demás.

Vivo en un país en dónde no se respetan los turnos, en donde el más vivo siempre quiere beneficiarse; un país en donde el que tiene más siempre saldrá airoso sin importar si hizo algún bien o mal; un país en donde las palabras ‘políticos, policías, jueces, alcaldes, presidente, y congresistas’ generan desconfianza. Un país en dónde un asiento ‘rojo’ de reservado para personas adultas, ancianos y discapacitados no se respeta, un país en donde los hombres prefieren ir sentados en vez de cedérselos a mujeres mayores y niños, un país en donde madres prefieren sentarse y ver a sus hijos trabajar, un país en donde apropiarse de lo ajeno es común y con derecho, en un país en dónde las señales de tránsito no existen para los peatones y conductores, en país en dónde escupir y tirar un papel en la calle e señal de hombría y rebeldía o de audacia, en un país en dónde pocos profesores y padres son los que dan el ejemplo; un país en dónde se desvalora lo propio. Si vivo en un país en donde las personas hacen lo posible para empeorarlo.

Vivo en un país que tiene todo para ser mejor que los demás, economía, recursos, lugares increíbles, flora y fauna maravillosa, comida deliciosa y otros aspectos que no sé cómo describirlos, pero que por alguna razón no todas las personas que vivimos en este lugar no logramos ver con claridad. Personalmente yo tuve que apreciarlo desde una perspectiva exterior para comprender que somos un país extraordinario y que lo que necesita más que nada es el valor de todos y que con un pequeño  acto de cada uno podría ir cambiando para mejor.  

Vivo en un país que pide ayuda en silencio, y aunque sean muchas personas que hacen lo posible para empeorarlos, estoy segura que hay otras aunque pocas que hacen de todo para mejorarlo, y desde que estuve fuera y regresé siento que debo hacer algo para ayudar y sumarme esas pocas personas, aunque ese algo sea algo pequeño, pero estoy segura que será de corazón. 😉

Hoy se me vinieron estos pensamientos de mi país; y que espero reconfortarán esas acciones de quienes esperan a que las señales cambien para usar el paso peatonal, o a quienes se guardan los papeles para tirarlos en algún tacho de basura, o a quienes son cordiales y honestos cada día.  😀

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