La doble

Estándar

El viaje de retorno a casa iba tranquilo como era de esperar, ningún intercambio de palabras y la música de una radio local de fondo; por suerte mi favorita.

Parecia ser un servicio de taxi como cualquiera, pero poco antes de llegar al punto de destino marcado por uber, el conductor me preguntó si había trabajado en una conocida tienda de marca de porcelanatos. Yo me sorprendí por la consulta, me preguntaba si la afirmación de su pregunta decía entre líneas que yo me parecía a esa persona que el señor suponía haber conocido o visto.

Tras unos segundoa interminables, que me dieron para pensar en mi respuesta, le dije que si. No tenía ganas de seguir vagando en mis penamientos, asi que decidí seguirle la corriente. Más aún con el inicio de que él conocía a otra persona bastante parecida a mi.

Él se asombró y con una expresión en su rostro de ¿no me recuerdas? dijo afirmando – estaba seguro de ello, no podría confundirte – . Yo con algo de picardia solo sonreí saboreando el inicio de mi broma o quiza engaño.

Y como yo no decia nada, en segundos afirmó por mi – no me recuerdas ¿verdad? -. Y desviando la mirada por la ventana, solo atiné a decirle que tengo mala memoria.

Soy Eduardo el mensajero de Casinelli trabajé ahi cuando tu eras jefa de los envíos a domicilios – añadió mirándome por el espejo retrovisor -. Yo sólo seguí la corriente y le dije que no lo había reconocido. Él sonrió avergonzado. Quizá había cambiado mucho, quiza había subido de peso o quién sabe como sería antes.

Hiciste mucho por mi, así que dime ¿a dónde vas? ¿a tu casa?, déjame llevarte hasta allá – me dijo de forma muy cortez antes de llegar al destino marcado por la aplicación con que la que había solicitado el servicio de taxi.

Sin saber como reaccionar por lo inesperado en sus últimas palabra, atiné  a decirle que no se preocupara. El insistió, así que mi inquietud por saber hasta dónde iba este engaño y por saber dónde vivía esa persona a la que tanto me parecia, le acepte el viaje hasta mi supuesta casa.

Por suerte el improvisado nuevo destino no estaba lejos, ya que así no tuve que ingeniarmelas tanto para sobrellevar la charla. Una conversación de supuestos compañeros de trabajo, de experiencias con clientes y jefes, y otros aspectos de los que no entendía nada.

Cuando llegamos a mi casa quedé asombrada por lo impresionante que se veia desde afuera. Era de paredes blancas con un porton alto de roble macizo barnizado. Tenía jardineras a lo largo del frente de la casa con una flores amarillas que parecían que florecian todo el año. La combinación de blanco, marrones, verdes y amarilos era agradable. Toda una casa de ensueño, o almenos eso se veía desde fuera.

Hemos llegado – acentó, trayendome de vuelta a la acción para continuar el engaño. Es cierto – respondí – gracias por el viaje – le dije y también aproveché para preguntarle por el costo del servicio. Amablemente dijo que no le debía nada, y que al contrario el estaba en deuda conmigo. Me sorprendió su respuesta y me dejó con la intriga de  qué tanto esa mujer doble mía habia hecho por ese hombre.

Bajé del auto y me acerqué a la ventada del asiento delantero y cuando él bajo la luna, le agradecí inmensamente por su cortesía. El sólo respondió pidiéndome que no vuelva a desaparecer. Arrancó el auto y se alejó de la calle de la casa que el dijo ser mía.

Cuando vi que el auto desapareció, me paré frente a la puerta, realmente deseando que esa fuera mi casa. Sonreí suponiendo que las cámaras de seguirdad debian estar grabandome así que dí un paso hacía delante y toqué el timbre.

Cuando el timbre dejó de sonar y una voz de mujer joven respondio via el intercomunicador, desperté de lo que habia hecho. Reaccioné y me dije  para mis adentros ¿que diablos he hecho?. ¡Hola! ¿quién llama a la puerta, a quién busca? – preguntó la vos del intercomunicador. No alcancé a pensar en más y solo dije que era necesario hablar con la dueña de la casa porque traía un encargo del trabajo. Y ante mi sorpresa la persona con la que hablaba respondió – ya bajo, un momento por favor.

No estaba segura de lo que estaba haciendo, pero algo en mi sólo quería saber y conocer a esa persona que podía ser mi doble. Quizá no me importaba saber quién realmente era, sólo quería verme en otro cuerpo y sentir eso de tener a tu otro yo delante de ti. De pronto, mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando el seguro sonó, se abrió la puerta y delante de mi apareció ella. Mi corazón se detuvo cuando la vi y confirmé que había mucho de mi en ella.


A veces las historias surgen entre tantos detalles del día a día. 

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