Archivo del Autor: Celene A.

Acerca de Celene A.

Comunicaciones y Negocios. Me gusta escribir, amo los gatos, adoro los mensajes entre lineas, me encanta el helado y prefiero el campo.

Libro 5: Maestra del alma

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73708589-352-k684704A veces tengo unas ganas tremendas de escapar de este mundo, con poco éxito sólo logro escapar por segundos imaginando historias. 

Este libro habla sobre la posibilidad de sí poder escapar, no sólo porque lo deseemos sino porque lo necesitamos y porque sólo así podremos reconocer nuestro calor interior. A veces la vida no está aquí ni allá, sino en otro mundo. Maestra del alma es la historia de una chica que encontró sentido en si vida huyendo de nuestro mundo a otro en donde sí la necesitaban. Quiza al inicio es algo tediosa pero necesaria para entender el contexto pero el desenlace termina capturándote desando querer más de sus protagonistas.

Lee más del libro aquí.

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Olvido

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Te estoy olvidando y aunque ello deba suponer dolor, no lo estoy sintendo. De alguna forma es alivio lo que me va invadiendo.

Quisera agarrar todos los pensamientos de ti y guardarlos por siempre, pero temo que que mi mente necesita de nuevos recuerdos. No puedo pedirle mantenerse en el tiempo.

Ya no hay recuerdos de ti que vengan a mi de la nada pidiéndome manternerte en el presente; tengo que buscarte y no todos están disponibles.

Te estoy olvidando aunque creas que ello ha tomado más tiempo de lo esperado, pero mi sanación necesita de comprensión, aprendizaje y de libertad.

Comprensión para dar el valor a las lecciones aprendidas en ese nuevo proceso de aprendizaje que significó estar a tu lado. Y libertad para dejarte ir y seguir creciendo.

Te estoy olvidando y aunque ello parezca sencillo es mucho más valioso para mi que para ti, porque el valor de las personas que se cruzan en mi camino es mucho mas significante aunque no lo parezca.

30-09-2017 

2 (365) han sido suficientes 😉

A los treinta

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Una nueva etapa ha comenzado aunque parezca que no, porque el mundo sigue girando al mismo ritmo; porque los días siguen grises aunque con un poco más de brillo; porque la corriente sigue igual de rutinaria y porque el despertar sigue siendo igual de pesado.

Hay diez años (y más) para hacer todo lo que no se ha podido hacer en diez años atrás (o quizá más).  Diez años para poner en práctica lecciones que se ha rehusado a aprender. Diez años para pensar en el presente y no en el futuro. Y diez años para intentar hacer más aunque parezca que nada es posible. 

~   –   ~

Hace unos meses cumplí treinta años. Esperaba poder hacer algo súper especial en este blog para dejar plasmado el inicio de esta nueva etapa. Pero los días han pasado, y desde entonces hasta hoy recién puedo hacer “algo”. Este “algo” no es sorprendente porque quiero que sea transparente. Quiero que estas palabras sean libres de poesía o prosa o lo que sea que escribo cuando intento disfrazar mis sentimientos. Quiero que estas lineas contengan mis pensamientos con alma pura y sin filtro alguno.

No esperaba tener algún día treinta, y no porque no tuviera la esperanza de llegar a esta edad; sentía que faltaba mucho. Los años volaron y no recuerdo bien a dónde quería llegar cuando era pequeña. En ese entonces tenía los sueños convencionales,  los cuales pensé que serían fáciles de cumplir; pensaba que la vida no seguía después de ese colorín colorado vivió feliz para siempre.  Para esa edad, que no pasaba de dos cifras, llegar a ese final feliz era el final. 

Cuando llegué a la adolescencia creía aún ese final feliz, rodeada de la familia y de los amigos; por supuesto que el príncipe azul también estaba ahí. Esos años fueron bonitos quizá, sinceramente no los recuerdo del todo pero los momentos que sí vienen a la memoria son los que empezaron hacerme fuerte.

Desprenderme de mi lugar conocido fue más sencillo de lo que se creía, aunque extrañé no estudiar con amigos de la infancia, estar lejos de casa fue lo mejor que mi madre pudo haber hecho. Mis horizontes se extendieron, la libertad me empoderó (a  mi manera pero lo hizo) y los amigos de toda la vida (una parte de ellos) se cruzaron en el camino, aunque en realidad todos lo hicimos, ellos en el mío y quizá yo en el de ellos.

A diferencia de otras personas, no llegué a comprender qué debía extrañar de aquella etapa del secundario. Estuve satisfecha con lo que logré, aunque poco pero suficiente para seguir descubriéndome.

Las dudas por dónde seguir comenzaron justo ahí, porque responder a esa edad qué ser de grande es más complicado que cuando se es aún infante. Muchas ideas se me ocurrieron, las primeras relacionadas a gran parte de las cosas que me gustaban en ese entonces (y hoy todavía). Posterior a ello, intenté buscar apoyo profesional pero ello no resultó para mí (aunque las respuestas eran cuasi científicamente comprobadas). Y desde entonces aún sigo intentando responder esa pregunta aunque el pasado no cambie. Sin embargo, he seguido a pesar de no tener una respuesta clara.

Entonces intenté seguir un plan que creí continuar toda la vida, este plan enlazaba aspectos que me gustaban, aspectos que podrían volverme exitosa, aspectos que de alguna manera me harían vivir una vida tranquila  y aspectos que me llevarían a lugares lejanos para seguir creciendo. Intenté esforzarme. ¡Lo hice realmente! porque el sacrifico de mi madre era el principal soporte y por ella quería ser la mejor.

A esa edad creía tener la razón y estaba muy segura que todo lo planeado estaba perfecto. Pero a esa misma edad es cuando más orientación es necesaria. Estoy segura que muchos debieron habermelo comentado, pero a esa edad creemos que todo será posible con sólo lo que uno conoce porque pensamos que la vida no está llena de dificultades.

La decepción fue dolorosa, pero lo aprendido nadie me lo quitó, y hasta hora nadie lo ha hecho. Seguí armando más planes según las situaciones que se presentaban, adaptandome a los cambios y con la esperanza de que algún día regresaría al plan inicial. Seguí aprendido nuevos conocimientos y viviendo nuevas experiencias que de alguna forma me ayudaron en la vida profesional que iba formando.

Los años han seguido pasado, desde entonces aún no he podido regresar al plan inicial y ya estoy segura que no lo haré. Porque ya he aprendido la lección:

 

La vida no es una linea recta, no hay un solo plan en la vida, no hay un solo lugar a dónde llegar. La vida está llena de posibilidades infinitas y todas son correctas en alguna medida para aprender una lección que nos falta. 

 

Ya hay la certeza de que me falta mucho más por aprender. Me ha llevado poco más de diez años sólo aprender que los planes rectos no funcionan.

Lo especial de llegar a esta edad ha sido poder comprender esa lección, y aunque paresca que sólo es una, para llegar a ella he tenido que superar muchas otras que hacen quien sea hoy y ello nadie lo cambiará.

Para estos treinta años decidí alejarme porque necesitaba aprender y experiementar situaciones distintas que habían estado ausentes en mi vida, necesiba viajar sola, necesitaba reafirmar que quiero conocer todos los lugares de mi país, necesitaba saber que sí puedo y que sí me atrevo (necesitaba saber que puedo ir haciendo cheks de mi lista de cosas que quiero hacer).

Cumplir treinta ha sido una más de todo lo especial que me ha ocurrido en la vida. 😀

 

obelisco ayacucho

Subida al Obelisco, #Ayacucho – #Perú (18-08-2017)

 

Tengo más de diez años futuros para seguir aprendiendo y para dejar de hacer planes rectos para tomar situaciones presentes (sólo no debo olvidarlo). 😉

 

 

Si es cuestión de confesar 

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Si es cuestión de confesar soy mas silenciosa de lo que parezco y no tan profunda de lo que me titulan.

Mi nivel de frustración es bajo, he llegado a controlarlo mejor y mi enojo llega a ser interminable, al igual que mi resentimiento.

Recurro a la música clásica para silenciar mis pensamientos y profundizar emociones, ahondar conocimientos y huir del espacio y tiempo.

Necesito de grandes caídas para volverme a levantar. Es necesario dejarme envolver en la tristeza, soledad, desesperanza para comprender mis procesos de sanación.

El amor no está a la orden de mis días y mis ilusiones se caen antes de emprender vuelo. Los sentimientos no son mi fuerte, pero el sentimentalismo se apodera de mi fácilmente.

Los planes nunca me funcionan porque mi camino está lleno de curvas más que de líneas rectas. La vida o el destino o las lecciones se han encargado de llenarme de inesperados y dejar mis planes sólo en borradores.

Los amigos suman en momentos especiales más que en número, y lo extraño – para algunos – es que no me importa si la cifra no va en aumento. 

Soy una tormenta de emociones, que en sus luchas por ver quien guía el rumbo, destruyen lazos afianzados o crean el más bonito escenario. 

La vida propia me conmueve en lo más profundo de mi ser, lamento no poder tomar acciones por ella y de por no estar intentando dejar mi rastro en este mundo. 

Si es cuestión de confesar cada dia me descubro más, cada situación modifica una parte de mi, cada alegría o tristeza me marca en al alma tanto que voy dejando de ser quien solía ser. Y unas cuantas confecciones no bastarán para dejarme al descubierto.

Si es cuestión de confesar ésta lista de confesiones podría no llegar a su termino, ni hoy, ni mañana, ni siempre.

Ausencia del presente

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Esa extraña sensación en el estomago, la que te va carcomiendo por dentro haciéndote notar que algo está pasando en tu ser. Algo que a primera vista no quieres ver pero que en el fondo conoces perfectamente.

Rabia, dolor, angustia, desesperanza, incomodidad; una mezcla de sensaciones que quisieras botar de un solo tirón. Pero que, a deshacerte de ellas no te atreves porque las consecuencias las desconoces; y eso asusta aunque te sientas valiente.

Una sensación que te hace sentir a flor de piel la incomodidad de habitar en ese cuerpo y en esa rutina.

Los dias ya no cuadran más con el objetivo perdido de seguir exisitiendo. Las esperanzas de encontrar el rumbo se van desvaneciendo. Y el anhelo por trascender no se ha consolidado a tiempo.

La ausencia de vivir presente va carcomiendo por dentro hasta dejarte con ese descontento silencioso.