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La doble

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El viaje de retorno a casa iba tranquilo como era de esperar, ningún intercambio de palabras y la música de una radio local de fondo; por suerte mi favorita.

Parecia ser un servicio de taxi como cualquiera, pero poco antes de llegar al punto de destino marcado por uber, el conductor me preguntó si había trabajado en una conocida tienda de marca de porcelanatos. Yo me sorprendí por la consulta, me preguntaba si la afirmación de su pregunta decía entre líneas que yo me parecía a esa persona que el señor suponía haber conocido o visto.

Tras unos segundoa interminables, que me dieron para pensar en mi respuesta, le dije que si. No tenía ganas de seguir vagando en mis penamientos, asi que decidí seguirle la corriente. Más aún con el inicio de que él conocía a otra persona bastante parecida a mi.

Él se asombró y con una expresión en su rostro de ¿no me recuerdas? dijo afirmando – estaba seguro de ello, no podría confundirte – . Yo con algo de picardia solo sonreí saboreando el inicio de mi broma o quiza engaño.

Y como yo no decia nada, en segundos afirmó por mi – no me recuerdas ¿verdad? -. Y desviando la mirada por la ventana, solo atiné a decirle que tengo mala memoria.

Soy Eduardo el mensajero de Casinelli trabajé ahi cuando tu eras jefa de los envíos a domicilios – añadió mirándome por el espejo retrovisor -. Yo sólo seguí la corriente y le dije que no lo había reconocido. Él sonrió avergonzado. Quizá había cambiado mucho, quiza había subido de peso o quién sabe como sería antes.

Hiciste mucho por mi, así que dime ¿a dónde vas? ¿a tu casa?, déjame llevarte hasta allá – me dijo de forma muy cortez antes de llegar al destino marcado por la aplicación con que la que había solicitado el servicio de taxi.

Sin saber como reaccionar por lo inesperado en sus últimas palabra, atiné  a decirle que no se preocupara. El insistió, así que mi inquietud por saber hasta dónde iba este engaño y por saber dónde vivía esa persona a la que tanto me parecia, le acepte el viaje hasta mi supuesta casa.

Por suerte el improvisado nuevo destino no estaba lejos, ya que así no tuve que ingeniarmelas tanto para sobrellevar la charla. Una conversación de supuestos compañeros de trabajo, de experiencias con clientes y jefes, y otros aspectos de los que no entendía nada.

Cuando llegamos a mi casa quedé asombrada por lo impresionante que se veia desde afuera. Era de paredes blancas con un porton alto de roble macizo barnizado. Tenía jardineras a lo largo del frente de la casa con una flores amarillas que parecían que florecian todo el año. La combinación de blanco, marrones, verdes y amarilos era agradable. Toda una casa de ensueño, o almenos eso se veía desde fuera.

Hemos llegado – acentó, trayendome de vuelta a la acción para continuar el engaño. Es cierto – respondí – gracias por el viaje – le dije y también aproveché para preguntarle por el costo del servicio. Amablemente dijo que no le debía nada, y que al contrario el estaba en deuda conmigo. Me sorprendió su respuesta y me dejó con la intriga de  qué tanto esa mujer doble mía habia hecho por ese hombre.

Bajé del auto y me acerqué a la ventada del asiento delantero y cuando él bajo la luna, le agradecí inmensamente por su cortesía. El sólo respondió pidiéndome que no vuelva a desaparecer. Arrancó el auto y se alejó de la calle de la casa que el dijo ser mía.

Cuando vi que el auto desapareció, me paré frente a la puerta, realmente deseando que esa fuera mi casa. Sonreí suponiendo que las cámaras de seguirdad debian estar grabandome así que dí un paso hacía delante y toqué el timbre.

Cuando el timbre dejó de sonar y una voz de mujer joven respondio via el intercomunicador, desperté de lo que habia hecho. Reaccioné y me dije  para mis adentros ¿que diablos he hecho?. ¡Hola! ¿quién llama a la puerta, a quién busca? – preguntó la vos del intercomunicador. No alcancé a pensar en más y solo dije que era necesario hablar con la dueña de la casa porque traía un encargo del trabajo. Y ante mi sorpresa la persona con la que hablaba respondió – ya bajo, un momento por favor.

No estaba segura de lo que estaba haciendo, pero algo en mi sólo quería saber y conocer a esa persona que podía ser mi doble. Quizá no me importaba saber quién realmente era, sólo quería verme en otro cuerpo y sentir eso de tener a tu otro yo delante de ti. De pronto, mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando el seguro sonó, se abrió la puerta y delante de mi apareció ella. Mi corazón se detuvo cuando la vi y confirmé que había mucho de mi en ella.


A veces las historias surgen entre tantos detalles del día a día. 

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Adiós de primavera en el museo

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Cuando estuve frente a la puerta respiré profundo para poder soltar un gran suspiro lleno de valor y tras ello entré al museo acomodándome los audífonos en los oídos. No quería que ningún sonido del exterior se filtrara en el ambiente que me estaba creando.

La música empezó a correr y yo empecé mi recorrido acompañada solo por ella. Para esa ocasión Chopin había sido el elegido, me había enamorado de sus sonatas y me conquistó con Spring Waltz así que la tomé prestada para ese día.

Mientras caminaba viendo las pinturas que decoraban el museo, identifiqué cada una de ellas en las que aquella vez contemplamos juntos. Sí las recordaba todas, y al volverlas a ver con detalle todos los recuerdos vinieron a mí  para decir su último adiós. En cada estadía de alguna pintura era el mismo ritual, contemplarla por unos minutos y ver cómo el recuerdo venía y se iba. Un ritual extraño para alguien que buscaba olvidar para ya no recordar, pero sí, así fue el mío para soltarte.

El museo estaba lleno, al parecer había alguna nueva muestra de visita, pero no importaba. No importaba que las personas me vieran derramar lágrimas en silencio, estoy segura que muchos pensaron que me conmovía por el arte, o por la historia, o por el detalle de esas obras maestras. Pero la realidad era que te estaba dejando libre, te estaba dejando escapar de mis recuerdos, no por una ocasión, sino para siempre o al menos eso me había propuesto.

Chopin me acompaño una y otra vez con la misma sonata, no le molestaba volver a tocar el piano para mí. Era el único al que había dejado formar parte de mi propósito con mucho sentido. Cada una de sus notas fueron perfectas para sostener la nostalgia, la tristeza y el adiós que decía y me invadía cada vez que estaba frente a una de las pinturas. Dolía pero sanaba al mismo tiempo decir adiós.

Me habían dicho que era una locura hacer de nuevo ese recorrido. Pero sabía que era la mejor forma de terminar algo por completo, y así sucedió, el circulo se fue cerrando, los recuerdos dejaron de volver otra vez, terminaron los supuestos y las expectativas de algo nuevo o de un reinicio. Y empezaron días con nuevas historias para escribir, Chopin y sus otros compañeros serían las fuentes perfectas para llenarme de inspiración y esperanza para empezar a fluir floreciendo.

 

—    FIN   —

 

Gracias Chopin 🙂

 

Un ángel de despedida

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No recuerda exactamente qué día de la semana ni qué fecha fue. Pero, si recuerda que era de noche y que esa significaba, para ella, la última vez que quizá podría volver a verlo. No sabía si se encontraría con él de nuevo, o no sabía cuánto tiempo pasaría para que volviera a tener las largas conversaciones que solo solía tener junto a él.

Esa noche coordinó con su hermana para  encontrarse y regresar juntas a casa. La espera tardó un par horas pero no le importó, porque solo rondaba por su cabeza la despedida que no había tenido con él. El tiempo no importaba, le importaba saber que esa noche quizá era la última de él en el país, y ella no había hecho nada para decir adiós adecuadamente.

Se encontró con su hermana, y mientras esperaban que la luz del semáforo cambiara, le preguntó si ya sabía cuándo él se iba y si le había dicho adiós.  Ella le respondió que solo sabía que partía al día siguiente pero que no había hecho ni comprado nada especial para entregarle. Y que además, aunque le diera pena, era mejor no despedirse, porque sabía que no aguantaría llorar delante él.

Su hermana sorprendida por las palabras de ella y conociendo lo mucho que ella valoraba la forma de su encuentro y lo poco que compartieron, le dijo que se dejara de tonterías y que más bien pensara que era posible que nunca más lo volvería a ver. Además le recordó que en el futuro se podría arrepentir de no haberse atrevido hacer algo especial para decir adiós.

Tras escuchar esas palabras de su hermana se armó de valor  y le dijo que sí se atrevería a despedirse de él. El timón del auto giro mientras su hermana le preguntaba dónde era la casa de él. Ella le indicó que estaban a unas cuadras y mientras regresaban rumbo a su casa le dijo que no tenía nada especial para darle. Entonces llevo su mano a su cuello y le dijo que solo tenía el ángel que ella le había regalado, pero sabía que no era buena idea. Su hermana la miró y le dijo con confianza que se lo entregará a él si realmente era especial para ella. Que no se sintiera mal porque siempre habría ocasión de que le pudiera dar otro ángel. Pero no habría otra ocasión para despedirse adecuadamente de él.

Cuando llegaron a la casa de él, bajó del auto, se quitó el ángel que colgaba de su cuello, se acercó a la puerta y tocó el timbre. Su corazón latía intensamente mientras esperaba que alguien le atendiera. Estaba muy aterrorizada por hacer eso, por en el fondo algo le decía que era lo correcto y que no se arrepentiría de haberlo hecho.

La puerta se abrió y salió una mujer joven, ella la saludo y preguntó por él. Por cosas de la vida, él no estaba en casa. Quizá la tristeza se le posó en el rostro porque aquella mujer joven le dijo que aguardara y entró a la casa. Tras unos minutos regreso con un celular en la mano y se lo entrego diciéndole que hablara, en línea estaba él para escuchar su despedida.

Las palabras fueron rápidas pero ella dijo adiós y le deseó felicidad en su vida. Había logrado decir adiós, aunque solo fuera por teléfono. Cuando terminó de hablar le agradeció a la mujer joven y le dijo que tenía algo para él, le entregó el ángel diciéndole que él ya sabía de qué trataba.

No derramo lágrimas frente a él, ni frente a la casa de él; pero cuando entró al auto de su hermana se echó a llorar. Lloraba por una despedida que no fue, lloraba porque sabía que no lo volvería a ver y lloraba por sentía que algo de ella se perdía para siempre. Y quizá entre esas tristezas solo le quedaba el alivio de saber que él tendría algo de ella y que esperaba que lo valorara tanto como ella lo hizo con él.

Pasaron más de cinco años y aún no volvió a verlo, pero recibió un detalle de esperanza de un futuro encuentro aún sin fecha ni lugar. Pues sabe que él aún conserva ese ángel que marco su despedida.

imagen: VG

imagen: VG

“I really love you”

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Eres como un amor sincero que no acaba con el tiempo.

Los días pueden pasar, pero ninguno de ellos se lleva ni una sola parte de aquella emoción que siento cuando te veo.

Tus acciones, tus pensamientos, tus palabras, tus sueños, tus promesas y tus concejos solo demuestran y fortalecen tu imagen cuando te veo.

Eres como un amor soñado que solo perdurará con el tiempo.

Pero, solo el destino tendrá la última palabra del amor que ambos merecemos.

Pasaron los tres años que tenían que pasar, tal cual lo dijimos. Y como lo prometiste me buscaste. Yo ya había dado por perdida aquella opción que propusiste en ese entonces, pero al encontrar tu mensaje en mi bandeja de correos lo cambió todo.

Como siempre tus palabras escritas tan sinceras como tus palabras habladas. El encuentro fue el día indicado y como si lo supieses desde siempre, el lugar fue el apropiado.

Aún recuerdo tu mirada tierna, tu color canela brillar con la caída del sol, tu sonrisa cálida y la honestidad y sencillez que transmites cuando hablas. Y mientras lo hacías me perdía en tus palabras, era como si las podía ver como ellas se acomodaban a nuestro alrededor, sí, podía verlas de diversos colores flotando a nuestro alrededor, decorando el ambiente solo para los dos.

Me contaste de los mucho que habías avanzando, de todo lo que habías logrado y disfrutado haciendo todas las cosas que te gustaban. Y te seguí admirando, y no dude ningún instante en alegrarme por haber hecho aquella locura al momento del último adiós, al final de las clases, quien diría que eso sería el inicio de todo.

Aunque me distraía mientras me decías aquello importante que era el motivo de nuestro encuentro, no podía dejar de prestarte atención para capturar esos mensajes de entre líneas.

Te molestaste porque al final no pude darte una respuesta, quizá por temor, quizá por la sorpresa, quizá por la emoción, pero fui sincera al decirte ‘I really love you’.

Solo el tiempo y el destino nos conducirán al momento adecuado y si no fuera así, lo comprenderemos, o al menos yo lo comprenderé.

 

Continuación de “El momento del último adiós”

La rama que se convirtió en flor

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flor

Una de sus ramas quebradas por el viento cayó a un lado de la maceta en donde ella estaba, y por suerte cayó en otra que estaba vacía y junto a ella. Una  tristeza la invadió, no quería perder una parte de sí misma, pero sabía que no podía moverse, no podía ayudarla.

Cada día que pasaba la contemplaba, ella iba creciendo mientras que la pequeña rama de ella misma, se iba marchitando poco a poco. Le hablaba todos los días, le pedía que echara sus raíces en aquella tierra en la que había caído, pero la rama no quería hacerle caso, ya se resignaba a su muerte.

Como ningún día, unas manos empezaron hacer limpieza entre las macetas que intentaban adornar el pasillo de la casa, sacaron algunas hojas secas que estaban entre ella, las regaron y movieron la tierra de las flores para ayudarlas a que sus raíces sigan expandiéndose en el interior de las macetas.

Una mano tomó la rama  que había caído en la maceta vacía, notó que aún estaba con vida, la observó y vio que aún no había echado raíces, así que la ayudó. Movió la tierra, le hizo un espació y la puso en contacto con ella, sabía que necesitaba alimentarse, cubrió una parte de su tallo con tierra abonada y le dio agua.

La flor que había perdido a la pequeña rama se alegró y decidió hacer brotar otras flores para darle aliento a su rama que ahora estaba sembrada en otra maceta, ahora tenía su propia maceta. La acompaño fielmente durante varios días hasta ver que su rama empezó a levantarse, echando otras hojas y creando nuevos brotes de donde saldrían nuevas flores, ya empezaba a ser toda una flor.

Ahora las dos se tendrían de compañía y sabrían que aunque pierdan una parte de ellas habría alguien que las ayudaría a seguir creciendo para así convertirse en nueva flores.  

Nota: Volví a leer este cuento que escribí hace unos meses y he comprendido que sin querer quise decir algo con esta pequeña historia  😉 … tal vez confianza o fortaleza para continuar o seguir viviendo.

Encontrando a un ángel

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imagen: celene a.

imagen: celene a.

Un domingo a primera hora de la mañana, cogió su bicicleta y salió a toda velocidad. La primera canción que sonó en su MP3 era justa para iniciar lo que se había propuesto.

Mientras se alejaba cada vez más de casa, iba sintiendo la libertad que le faltaba. Creía que pronto le saldrían alas y que volaría para el cielo. Aun guardaba la idea de que los ángeles, aquellas imágenes de personas con alas que siempre había visto en las iglesias, si existían.  Pues según las historias de su abuelo así sería.

Se alejaba poco a poco del pueblo, pasando las calles desoladas y entrando a un denso bosque. Cuando lo hizo, el aire frío cambió por el fresco, y el olor  del pueblo por uno floral. La trocha era cada vez más dura, pero su determinación de llegar a lo más alto del bosque la hacía continuar. Pues tenía que estar ahí, antes que el sol saliera si no todo sería en vano.

Iba avanzando con prisa aunque con dificultad, hasta que una espina en el camino logro bajar la llanta de su bicicleta pero no la detuvo. Solo se aseguró que realmente las ruedas no daban para más, pues ya habían hecho su trabajo. Dejó la bici recostada en un árbol, y siguió a pie a toda prisa. Ya no faltaba mucho solo unos minutos, y estaría en lo más alto del bosque.

Luego de correr y caminar ya vencida por el cansancio. Llegó hasta la cima. El sol aún no se asomaba, pero ya se acercaba la hora indicada. Sacó una botella de agua de la mochila que llevaba con ella, y sentada en el pasto húmedo del suelo bebió un gran sorbo que logró saciar su sed.

Mientras miraba al horizonte, viendo cómo las nubes le hacían espacio a la salida del sol. Escuchó unos pasos cansados que se acercaban, se dio vuelta y dijo: – “mucho has tardado” “Estoy más lejos tú, y he llegado antes!” 

– “No te enojes, también he sufrido para llegar. Vi tu bici parkeada en un árbol y entonces supe que ya estabas aquí. Así que me apresuré lo más que pude” – le contesto un chico mientras se quitaba una gran mochila de la espalda.

– “Pues debiste levantarte más temprano!” – requintó ella.

– “No me llames la atención que no eres mi hermana mayor” “Además estoy aquí a la hora indicada, eres tu quien ha venido antes, por propia voluntad” – le dijo él mientras se sentaba junto a ella.

El, un amigo del barrio, había aceptado acompañarla a aquel lugar, luego de escuchar la historia que ella le contó tal cual su abuelo le había narrado. La sorprendente historia lo había cautivado tanto, que la convenció de ir la mañana siguiente en busca de lo que ella quería comprobar según lo que su abuelo le había contado. Él le había prometido llevar algunos equipos que la ayudarían, y ella había aceptado con mucha emoción. Pues había encontrado a otra persona que se interesara por las increíbles historias de su abuelo, y lo que más la alegraba era que esa persona, también estaba dispuesta a ir  en busca de todas esas evidencias que volverían reales o falsas todos los cuentos de su abuelo.  

– “Bueno! Has traído lo que me dijiste?” – pregunto ella mientras guardaba su botella entre sus cosas.

– “No es que lo haya traído. Sino que lo llevo conmigo” – le respondió él con misterio – ‘He traído algo de comida, antes de empezar con lo que te prometí’ – continuó mientras abría una bolsa de tela, con panes dulces y salados que había traído de la panadería y se los ofreció.

Ella acepto comer algo, su emoción de la noche anterior no la había dejado comer bien. Había esperado por esa mañana con muchas ansias. Así que su estomago ya le estaba reclamando.  Comió dos panes con muchas ganas y muy rápidamente. El le ofreció más pero ella se negó. Entonces el comprendió que ella ya no podía esperar más. Así que guardó su bolsa con los panes restantes y se paró. 

–  ‘Ha llegado la hora’ – le dijo mientras la ayudaba a levantarse al lado de el.

Ella no dijo nada, sus ojos no dejaban de ver el horizonte. El cielo empezaba a despejarse más y un fuerte resplandor se veía detrás de los  cerros. El sol estaba espesando a salir. 

–  Tienes que dar unos pasos atrás – le dijo él mientras la ayudaba a retroceder.

– Cómo que más atrás?  – pregunto – Se supones que tengo que verlos!  Como los veré si me alejas de la orilla. – continuó reclamando ella.

– Solo hazme caso. Ya veras que desde donde estas podrás ver uno muy cerca – respondió  intentando calmar su reclamo. El dio unos pasos  más delante de ella poniéndose en su enfrente, esperando al sol que estaba saliendo.

Ella Siguió quejándose de su ubicación, temía que su esfuerzo  de estar ahí tan temprano y comprobar la historia de su abuelo, acerca de los ángeles se echara a perder por las indicaciones de un viejo amigo que siempre tenía la razón. Enojada por ello empezó a caminar hacia él hasta que la fuerte luz del sol la hizo detenerse. Tapó sus ojos con sus manos protegiéndose, hasta que escuchó un sonido extraño que no logró reconocer y una sombra repentina la ayudo con la incomodidad del resplandor que le daba en su rostro.

Quitó sus manos de su cara. Ya estaba frente a él a unos tres pasos. El sol ya había salido, pero no la incomodaba a ella pues la gran sombra que le llegaba, era la de las alas de él. Las que se habían abierto, justo con la salida del sol.

No dijo ni una palabra, solo dio los tres pasos que la separaban de él. Y lo abrazó. El correspondió rodeándola con sus brazos y alas a la vez.

Cuando Regreses

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Cuando regreses ya no te recordaré porque no podré reconocerte. Habré olvidado todos los buenos momentos que compartimos y que los mantenía como recuerdos.

Cuando regreses no podré saber quien eres y ni quien fuiste. Tampoco sabre que tan especial fuiste para mí.

Cuando regreses solo estas líneas te dirán que yo quería aun mantenerte en mi memoria, pero no pudo ser así.

Cuando regreses y yo vuelva a leerlas, sabre que un día fuiste esa persona que estuve esperando.

Las lágrimas no dejaban de brotar en sus ojos mientras escribía aquella nota que mantendría con ella, y la que volvería a leer cuando el regresara. La situación empeoraba y no quería olvidarlo todo, sin antes guardar muchas hojas llenas de pensamientos y recuerdos de su vida y de quien había sido ella.

No podía imaginar un futuro porque no lo recordaría cuando este llegara. Tampoco podía soñar porque no sabría si algún día se hicieron realidad. Solo aguardaba a que el proceso de pérdida de memoria que le habían pronosticado se pusiera en marcha, por la enfermedad que la había estado consumiendo en los últimos años. No le habían dado fecha exacta, solo sabía que le quedaba poco tiempo el cual ya lo sentía  en los ataques en blanco que tenía.

Duraban 10 minutos, no importaba donde estaba y que hacía. De pronto su mente estaba en blanco. No sabía quien era, ni donde estaba ni el porque y ni el para qué de sus acciones. Esforzaba su mente para recodar pero no lo lograba, solo un inmenso dolor la invadía, tan fuerte que solo un profundo sueño lo lograba calmar. Y al despertar, solo se sorprendía cuándo y cómo es que había decidido tomar una siesta.

Por las aquellas circunstancias había decidido permanecer en casa, tenía todo lo necesario. Y si tenía que salir sabía que alguien de la familia tenía que acompañarla.

Las situaciones empeoraban cada vez más y con más frecuencia. El tiempo de decir adiós a todo su pasado y a todos los recuerdos se acercaba. Un nuevo comienzo, una nueva vida, una nueva ella vendría, y lo que sería como un nuevo nacimiento tardío a los 28 años.

 Continuará…

 

PD: Esta es  una canción que me gusta mucho (Penélope – Diego Torres) Y la que me recuerda una de mis situaciones imaginadas, de que pasaría  si pierdo la memoria?

 

 

El Último día…

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Once de la mañana su clase ya había terminado, cogió sus cosas, se despidió de sus amigas, y se coloco sus audífonos antes de salir camino al trabajo. 

Salió por la puerta trasera la que daba con la avenida principal. Vio su reloj, era aun temprano así que decidió caminar. La música no le dejaba percibir otros sonidos del exterior. Decidió sacar su libro y leer mientras caminaba, la historia que había dejado inconclusa en el bus llamaba su atención, muchas veces le había resultado caminar y leer, pues pensaba que así aprovechaba su tiempo, escuchar música, leer y caminar a la misma vez. 

Las personas la alcanzaban en su caminar lento, el reflejo de sus ojos le permitía ver cuando las personas pasan delante de ella o cuando venía alguien mas distraído y así podría esquivarlo. Antes de llegar al paradero se detuvo mientras la luz roja del semáforo cambiaba para poder permitirle cruzar la calle. 

Mientras los minutos pasaban del semáforo inteligente, pronto le avisaría que ya era tiempote cruzar, ella seguía leyendo, cuando de pronto una mano cogió su hombro. 

Fue una sensación lenta y fuerte a la vez. Ella cerro el libro rápidamente sin macar donde se quedaba en su lectura, levanto la mirada y volteo sorprendida. No alcanzo a decir una sola palabra pues solo vio como un rostro tan suave y tierno se le acercaba y juntaba sus labios con los de ella y lograba darle un beso. 

La sensación fue inesperada, mientras sus labios se humedecían con los de la otra persona. Y  mientras ella tenía sus ojos cerrados, sentía como unas manos suavemente cogían su cintura y hacían que ambos cuerpos se acercaran cada vez más. Ella dejo caer su libro para poner sus manos alrededor del cuello de el. 

Sin darse cuenta el inesperado beso había terminado y un eterno abrazo le precedía. Ella podía percibir su aroma y lograba reconocerlo, no le importaba no entender las cosas y la razón de cuan rápido había  ocurrido todo. Aun tenía los ojos cerrados y recordaba todas aquellas miradas lejanas que tuvo de el, pero ahora lo tenía tan cerca  que podía sentir los latidos de su corazón y el de sentir su delicado beso. Se le ocurrían muchos pensamientos pero  ninguno importaba. 

El semáforo ya había cambiado, los 65 segundos que marcaba para cambiar de rojo a verde habían finalizado. Los carros empezaron a transcurrir soltando un ligero viento sobre ambos, el silencio perduraba hasta que ella abrió sus ojos y dijo como murmurando – ¿por qué? – mientras se mantenían en su eterno abrazo. Hoy me voy lejos de la ciudad, ha surgido un problema en una de las tiendas de mi padre fuera del país y me mandara a mí para solucionarlo, el  respondió intentando mantenerla cerca. 

Ella deslazó sus brazos de su cuello  y lo miró fijamente, se deleitaba con su suave rostro, su tierna mirada, su cabello desordenado y su piel canela radiante. Bajo su mirada dando a entender que ubicaba su libro que había dejado caer y mientras lo hacia murmuraba para el – solo porque te vas lejos, te has atrevido a acercarte a mí. Solo cuando es el último día. Solo porque estamos lejos de los demás. Solo por eso. Sus lagrimas querían desbordarse pero su fortaleza al estar frente a el contuvieron su llanto. 

Hoy me voy y quiero que vengas conmigo – le dijo mientras levanta el rostro de ella para decírselo mirándola a sus tiernos ojos que aun guardaban tristeza. 

Ella recogió su libro, levanto su mirada  y le dijo con una sonrisa en el rostro –gracias, pero aun hay tanto que tengo que hacer, mis decisiones no son tan sencillas como las tuyas, gracias. Cogió su hombro, le dio un beso en la mejilla y alcanzo a la luz verde en sus últimos segundos, para poder cruzar la doble vía. 

Seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, ámbar y cambió a rojo el semáforo, impidiéndole a el poder cruzar para ir detrás de ella. Los buses impidieron seguirla con la mirada, el seguía parado esperando con ansias poder cruzar, pero la vías estaban llenas de carros y buses. Sacó su celular para marcar su número, el que  había conseguido preguntado en información del centro de estudios y la gentil chica se lo había brindado. 

Timbró una vez, dos veces y en eso unas llantas rechinaron con el freno forzado de un auto. Todos los carros se detuvieron y sorprendidos por lo visto muchas personas corrieron y bajaron de sus carros para ver lo que había pasado. El colgó su llamada, cruzo entre los carros y entre el montón de personas que gritaban entre sí totalmente desesperadas – llamen a una ambulancia, alguien es médico, los bomberos, no la muevan – y con vos de culpa y asustado el conductor causante del accidente le decía a los demás espectadores – solo baje la mirada para ver quien me llamaba por el celular y cuando la volví a levantarla ella estaba frente a mí, no ha sido mi intención. 

El se acercaba para ver lo ocurrido y en eso vio tirado a un lado el libro de ella con las páginas dejándose pasar por el viento. Dio unos pasos más y la vio. Estaba ahí tendida, su moño se había desarmado, su rostro tenia algunos rasguños un gran charco de sangre se había formado alrededor de su cabeza. Una de las persona que intentaba socorrerla lo miró y sorprendida  por su reacción y de la forma como la miraba, y le pregunto – ¿la conoces? – y el tras el susto y con temor en sus ojos no pudo responder. Solo las lágrimas brotaron en respuesta de una tristeza profunda y repentina.

He vuelto a leer esta historia luego de 2 años y me dí cuenta que fue un desastre, sin embargo me gusto la última parte que ahora está acá.

El momento del último adiós

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Era el último día de clases, sabía que después de ello quizás no los volvería a ver a todos. Talvez solo algunas amistades, como a las chicas con la que solía estar.

Era el último examen de los seis cursos de ese ciclo. Y comenzaba el fin de una carrera que había traído cambios a mi vida. Pero era el inicio de aquello que algún día me propuse. No sabia como sería mi futuro ni tampoco lo que me esperaba, solo comprendía que ahora me sentía más segura de hacer muchas cosas y atreverme a más.

 Aquel día lo había planeado desde principio del año. Sabía que debía decirle, sabía como llamarlo y esperar el momento adecuado para hacerlo. Todo estaba planeado, solo debía armarme de valor para ejecutar mi plan de “el último adiós”.

De pronto lo vi. Caminada apresurado. Supuse que evitada la despedida. Así que fui detrás de él, y lo llamé de una forma que solo él podría escucharme y los demás no.

– Gonzalo! Gonzalo! ¿puedo hablar contigo un momento? – esperé su respuesta mientras él volteaba delicadamente para tomarse unos minutos y escucharme.

– Claro… dime Camila – sabía mi nombre, a pesar que no conversábamos, a pesar que no nos dirigiéramos la palabra, como solíamos hacerlo con los demás. Pero él sabía mi nombre.

Me paré frente a el. Estábamos lejos del grupo de compañeros. Lo mire, mi corazón latía intensamente y para calmarlo me dije “si no lo hago ahora, pueda que me arrepienta toda la vida, solo será una anécdota para contar y una bonita locura mía”.

Estaba parada, mirándolo y sonriendo a la vez, intentando no incomodarlo. Así que solo le dije:

– Serán unos minutos, pues no tengo mucho tiempo debo entrar a trabajar. No debes decirme nada solo quiero que me escuches.

Entonces, de pronto empecé con aquellas palabras que había ensayado durante varios días frente al espejo en todo lo que había sido el año.

 – Se que va sonar como una locura, pero quiero estar satisfecha de haberlo dicho, pues lo recordaré por toda la vida. No debes decirme algo, solo quiero que lo sepas y quiero saber que me atreví a hacerlo. Sabes que hemos llevado cursos desde el inicio, aunque no todos pero si algunos. Bueno desde que te vi, note algo especial y que llamo mi atención. No sé con certeza si es real o es cosa imaginada por mí, pues  la verdad no te conozco a fondo ni tú a mí.

– Me encanta tu tierna sonrisa, tu cabello desordenado, tu piel bronceada todo el tiempo, la imagen pacifica que transmites y tu dulzura al expresarte. Realmente siento que hay algo especial en ti.

Gonzalo empezaba a sonreír y a sonrojarse al mismo tiempo. Cogía su cabello desordenado, como diciéndome que esta pasando o porque se lo decía. Quería hablar pero ya le había dicho que solo debía escucharme. Yo aun continuaba con aquellos “solo minutos”, los cuales se convertían en eternidad.

– Si. Sé que es una locura, pero solo quería decírtelo, además ya termino el año y nuestra carrera también. No tienes que decirme nada, solo tómalo como algo imprevisto y nada más. Bueno debo irme estoy apurada. Que te vaya bien en tu vida y se feliz..

 Y solté mis últimas palabras – realmente creo que eres especial – .

Finalmente había terminado, le había dicho cosas demás, mi voz se perdía de vez en cuando y mi mirada nunca estaba fija en sus ojos, pero ello ya no tenía importancia, había cumplido con lo que me propuse.

Le sonreí y simplemente le dije “adiós”.

Empecé a caminar dejándolo atrás. No me importo escuchar nada de él. Solo sentía que mis pasos cada vez se hacía mas apresurados y  la verdad era que quería salir de ahí y desaparecer. Y así lo hice

 

Con una sonrisa y llena de felicidad llegue al trabajo. Sabía que todos lo notaban, lo veía en sus caras de sorpresas. Ese día fue diferente. Estaba feliz por haber cometido mi locura planeada durante todo el año. Nadie lo sabía solo yo, y mi alegría corría el riesgo de delatarme de lo que había hecho, pero ello no importaba.

El tiempo pasó volando y mi momento de ir a casa ya llegaba. Cuando de pronto alguien llamo mi atención diciéndome –  Camila, te buscan – . Fue extraño pues no esperaba a alguien. Así que voltié y él estaba ahí.

No comprendía, se suponía que le había dicho que no era necesario que me digiera algo. Pensé que ya había terminado todo. Pues mi objetivo se había sido cumplido exitosamente. Quizá había cometido el error de decirle que trabaja después.

Le sonreí y lo mire con sorpresa, como quien dice “que haces acá, o tú acá, o sucedió algo, o que deseas”.

Me acerqué, lo salude como si no hubiera pasado nada y dije:

– Hola! – como si no lo hubiera visto durante meses, y en realidad habían sido horas – ¿Que haces por acá? Te puedo ayudar en algo? – pregunté.

Me miró y sonrió. Y solo pregunto: – ¿ya vas de salida? –  Mirando el reloj de su muñeca.

 – Uhmmm… la verdad aun me faltan muchas cosas por hacer, así que aun estaré buen rato aquí – le respondí. Y la verdad era que solo tenía que quitarme mi uniforme e irme a casa, pero por alguna razón le mentí.

Miro a su alrededor y a mis compañeros de trabajo, y me dijo – entonces te espero – . Insistí en que no era necesario, como quien le pide el favor que se marchara.

Era extraño, el chico que más me gustaba, el que llamo mi atención desde mi primer día de clases, estaba frente a mí diciéndome que me esperaría. Quizás quería hablar conmigo. Quizás se había dado cuanta que yo también le gustaba. Quizás lo conmoví con mi discurso horas antes. Habían muchas posibilidades que había imaginado. Pero yo estaba parada junto a el diciéndole que no quería escucharlo.

Sabía que tenía miedo de lo que sucedería, por eso simplemente no quería acercarme a él. A pesar de las cosas que encontraba interesantes en su persona y que llamaban mucho mi atención. Pero mi miedo de saber que éramos diferentes de algún modo porque nuestras vidas eran destinas, los mundos en que vivíamos estaban muy lejos, las cosas que hacíamos también nos alejaban y tal vez no compartíamos aspectos en común. Todo indicaba que podría existir que algo nos separaba, según mis pensamientos y conclusiones.

Sin importar la razón por la que el había ido a buscarme horas más tardes de mi discurso (el que revelaba mis sentimientos hacia él) le dije muy seria:

– La verdad, es que vendrán a recogerme, y creo que si te quedas tendré problemas, pero aun así gracias por tu interés de haber venido, pero no era necesario, simplemente no te preocupes – Le sonreí, cómo quien le recordaba mis palabras dichas horas antes en el instituto. Y simplemente le dije “adiós”. Entré al baño del personal me cambie y estuve ahí media hora, intentando no pensar en nada y esperando que se marchara.

Mientras caminaba para  tomar mi bus rumbo a casa, sonreía a la nada y me decía entre pensamientos – será una gran historia para contarla algún día a mis hijos – y pensaba que realmente yo no tenía ninguna forma de comunicarme con el, así que esa había sido mi ultima decisión que me desligaba completamente de él.

No habría otra forma de encontrármelo, menos en el instituto ya habíamos terminado la carrera. No correos, no tenía el suyo. No llamadas de teléfono, no tenia su numero. No mensajes por paginas sociales, no lo tenía en mis agregados, a pesar que la mayoría de veces revisaba sus paginas para ver sus fotos.

Lo había perdido para siempre, esa había sido mi decisión por más que mi corazón e ilusiones no hubieran querido.

Pasaron algunos días. Durante esos días había pensado e imaginado en lo que hubiera pasado si me hubiera esperado aquel día en el trabajo. Me preguntaba que habría querido decirme o cual era la razón por la que había ido a buscarme. Solo creaba supuestos pues no sabía la verdad. Pero solo eran supuestos.

Aquel día en el trabajo pasó rápido. Y sin esperarlo llegó la hora de salida, cinco de la tarde en punto marcaba el reloj de la caja registradora. Me despedí muy amablemente de mis compañeros de trabajo. Salí feliz porque  regresaba temprano a casa. Y entonces alguien se levanto de alguna mesa del salón del restaurante en donde trabajaba y se acercó a mí.

– ¡¿Camila?! – casi grito dirigiéndose a mí.

Volteé, y mi sorpresa fue grande porque volvía  a ver a Gonzalo, con su tierna mirada y sonrisa en los labios, preguntando por mí. Lo mire muy sorprendida y solté una sonrisa de alegría.

– ¿Tienes un minuto? veo que ya estas de salida – dijo mientras salíamos del restaurante y él me abría la puerta del salón principal.

Cogí el tirante de mi bolso acomodándolo en mi hombro, y no dude en preguntarle “cómo es que sabía que trabajaba ese día y cuanto tiempo llevaba ahí y por qué” De alguna forma le afirmaba que si tenía unos minutos.

 Sonrío y muy amablemente contesto mis preguntas:

– He venido hace unos días y pregunté cuando podía encontrarte. Me dijeron que hoy trabajabas de día, así que supuse que saldrías por la tarde. No llevo mucho tiempo aquí solo un par de horas. A decir verdad me gustaría que charlemos, quizá tomando un café helado ¿si gustas? -.

Solté una carcajada, y me dije: “Oh por dios, que está pasando”. Continuaba viéndolo mientras seguía dándome explicaciones para que charlemos y caminemos hasta la cafetería. Hasta que dijo unas palabras que me convencieron de acompañarlo y continuar con esta oportunidad que se presentaba esa tarde.

– Sé que suena extraño pero por alguna razón quisiera que hablemos, pues me has dejado pensando con tus últimas palabras que  dijiste en nuestro último día de clases -.

Entonces lo miré y simplemente le dije aprovechando de darme esta oportunidad:

 – Esta bien, tomemos un café, aunque en realidad me gustan los helados, pero la idea de tomar un ‘café helado’ suena bien – y entonces continuamos caminando rumbo a la cafetería.

Y ya en ella nos daríamos la oportunidad de escucharnos mutuamente. En la cafetería pasaríamos horas hablando de temas que no imaginábamos que compartíamos entre risas, sorpresas y bromas.

 Y sin esperarlo había llegado el tiempo en que debíamos conocernos realmente. Ambos habíamos hecho algo loco y atrevido para que nos presentáramos adecuadamente en nuestras vidas.

Desde el otro lado

Estándar

 Su aliento lo había despertado una vez más, ya casi se había vuelto una costumbre. El reloj marcaba las 5 de la mañana, escucho algunos ruidos en la cocina y no dudó en bajar para ver si por alguna razón extraña la encontraría.

 Bajó al primer nivel de la casa que habían compartido por mucho tiempo desde que se casarón, pasó por el comedor y logró ver su silla fuera de lugar, la tocó y aun mantenía aquel calor de sus muslos. Luego pasó a la cocina y encontró su taza lista para recibir el agua recién hervida de la tetera que se mantenía caliente en la estufa.

Mientras pensaba que ya se había convertido en costumbre aquellos sucesos, y que de contárselos a alguien más no tendría sentido. Un ligero viento helado de la mañana le recordó que aun podría descansar, que la noche aun se mantenía; y que ya no la encontraría así la buscara en cada rincón de la casa.

Al regresar a la habitación que compartieron, se dio con la sorpresa que las cortinas ya estaban abiertas, estaban justamente abiertas de la misma forma que ella acostumbraba recogerlas para dejar entrar la luz del día, pues de esa forma lo levantaba temprano para el trabajo.

Roberto había dejado de ir al trabajo después de todo lo ocurrido. Solo permanecía en la casa, buscando el vago recuerdo de ella, no quería dejarla. El sentía que si salía de casa, se perdería en el camino. No sabría cuanto tiempo lo soportaría pues habían pasado unos meses desde que sus días empezaron a ser rutinarios, aquellos en donde el siempre iba detrás de los rastros de ella que pensaba sentirlos, aun mantenía la pena de no volver a encontrarla en todo sus intentos. Ya eran tres meses que despertaba con su aliento, encontraba el agua hirviendo, una taza lista para un té caliente y las cortinas de la habitación abiertas como ella solía hacerlo.

El no la quería olvidar, quería respuestas. Una de sus tantas preguntas era encontrar la razón porqué ya no habían fotos de el y de ambos juntos en la casa, Sus cosas habían desaparecido y de pronto tenía la sensación que todo iba cambiando de lugar.

Un día en su búsqueda de respuestas y con la intención de encontrar a ella detrás de cada movimiento que se realizaba en la casa. Se sumergió en el ático, aquel lugar en donde solían guardar cosas que ellos ya no querían ver y pensaban en desecharlas. Ahí encontró diferentes cajas, las de navidades pasadas, juguetes de cuando eran niños y que algún día habrían querido conservarlos, libros y archivos del trabajo, entre otras cosas más. El polvo le cerraba los pulmones, sabía que su alergia no le permitiría estar más tiempo.

Así que decidió salir, mientras cogía la puerta para cerrarla unas cajas llamaron su atención; ambas tenían su nombre escrito con la letra de ella. Se acerco sin importar el polvo que se había levantado con el movimiento de las otras cajas. Las cogió las llevó a la luz de la pequeña ventana. Abrió la más pequeña y en ella encontró todas sus fotos, las de el solo y las de ambos que en alguna ocasión se habrían tomado juntos. Su corazón latía cada vez más fuerte, sentía como un pequeño dolor en la cabeza iba creciendo, muchos pensamientos se le cruzaban, su mente se rehusaba a recordar algo que el había intentado suprimir de su memoria. El dolor empezaba a invadirlo cuando más se esforzaba.

 Los recuerdos empezaron a cruzarse por su mente, ambos juntos felices, aquellos juegos que tenían cuando miraban la televisión, su pasión que compartían por las plantas del jardín. Todo era feliz, hasta que se impresionó con un recuerdo de aquel rostro de ella cuando los celos la invadían. Entonces las peleas se iniciaban.

No comprendía lo que ocurría, Roberto solo encontraba más fotos en la pequeña caja, sueltas sin marco, listas para ser desechadas. Lleno de desesperación las dejó caer al suelo. Rápidamente abrió la otra caja, una más grande, y entonces empezó a vaciarla por completa, todas sus pertenencias estaban ahí, su ropa, polos, zapatos, sacos del trabajo. En eso levanto la mirada y empezó a buscar con la vista más cajas, se acercaba a aquellas que intentaban esconder otras detrás, las movía y se daba con la sorpresa que habían más con su nombre.

Las miraba y temía abrirlas, sabía lo que encontraría pero no comprendía porque todas las cosas que le pertenecían, o que tenían algún tipo de relación con el estaban en el ático. Recogió de prisa algunas fotos que dejo caer y salió corriendo tras escuchar un sonido de la puerta principal cerrándose, como si alguien hubiera entrado.

 Bajó hasta la sala esperando encontrarla, no había nadie, solo las fotos de ella por donde mirara. Corrió a la habitación esperando encontrar algo. Sabía que no habría nadie, lo único que necesitaba eran respuestas, se sentó con desesperación en la cama, intentando recordar algo, buscar respuestas en sus recuerdos o pensamientos.

En aquel momento alcanzó escuchar unas voces por el jardín, reconoció una de ellas, era precisamente la de Laura. El no olvidaría su vos. Se levantó de golpe de la cama y se asomó por la ventana. Por fin, la había encontrado estaba acompañada por una de sus mejores amigas. La vio fijamente, intentaba llamarla, gritó fuertemente, pero fue en vano, ella no volteaba, no lo podía escuchar.

Salió de la habitación a toda prisa, bajó las escaleras corriendo, gritando, llamando el nombre de Laura con desesperación, quería preguntarle qué ha pasado. Porque sus cosas ya no estaban. Abrió con fuerza la puerta de la casa, como si un fuerte viento la abriera de golpe. Y gritó: Laura!!!…que significa todo esto?!

 Laura no volteó siguió conversando con su amiga, mientras la acompañaba a la puerta principal. Roberto solo alcanzó a escuchar una parte de la conversación.

 “Lo lamento, segura que ya estas bien. Imagino lo doloroso que ha sido. Le decía aquella mujer que acompaña a Laura, mientras la abrazaba como consolándola. No te preocupes, ya he conseguido quien compre la casa. Me mudare dentro de unos días. Ya he recogido sus cosas, para que no me recuerden a él,” fue la respuesta de Laura.

 Entonces Roberto lo comprendió todo. Los recuerdos habían regresado a él. Mientras sus lágrimas caían y sus ojos se mantienen cerrados. Vuelvió a vivir aquel momento en donde su corazón dejo de latir después de unas apuñaladas que recibió mientras dormía.

Laura había acabado con su vida después de uno de sus tantos ataques de celos.

Las lágrimas de Roberto aun caían. Hasta que abrió sus ojos y la vio venir frente a él, a aquella mujer, a quien había amado hasta ese momento. Entonces solo alcanzo a decirle: ¿por qué? mientras ella pasaba sobre él, sobre su alma dolida, soltando una sonrisa llena de maldad después de haber cumplido algo.