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Nuestro tesoro

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Pero qué pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe que nuestras 99 monedas son el cien por siento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nadie tiene de más, redondo cien, que noventa y nueve, que esta es solo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que seamos estúpidos, para que jalemos del carro cansados, malhumorados, infelices y resignados. Una trampa para que  dejemos de empujar y que siga igual… enternamente igual… Cuantas cosas cambiarían  si pudiésemos  disfrutar de nuestros tesoros tal como están.

–          Pero ojo, Damián, reconocer en 99 un tesoro no quiere decir abandonar los objetivos. No quiere decir conformarse con cualquier cosa.

Porque  aceptar es una cosa y resignarse es otra.

Pero eso es parte de otro cuento.

 

El circulo de los noventa y nueve.

Jorge Bucay en Recuentos para Demián.

 

Generalmente escribo algo que esté acorde a cómo me he sentido. Sin embargo hoy encontré un libro que leí hace mucho y en donde marqué mis frases favoritas o con las que me identifiqué. Esta es una de ellas, parte de un cuento de Jorge Bucay.

Encontrar nuestro tesoro, pero mucho más que solo encontrarlo, es valorarlo y hacer de él ese motor que a veces nos falta para seguir. En los día que vienen quiero seguir pensando que no me estoy resignando con lo que tengo ahora, sino simplemente he aceptado mi tesoro para continuar con el camino que he decidido seguir.

Todos necesitamos un aliento más, para extender nuestra fortaleza.

 

Perdí el rastro de la fecha en la que guardé este borrador para que algún día sea publicado. Lo debo haber revisado  muchas veces para ver si era el momento adecuado para publicarlo y  me habré preguntado si realmente interioricé el mensaje para ponerlo a la luz. Y como no quiero que sigan pasando esas veces, prefiero esta vez publicarlo así tal cual está.  Pero ojo, esas palabras fueron escrita ya hace varios años atrás, tienen más de cinco años, de eso sí estoy segura; espero que sirvan sin importan el transcurrir del tiempo.

 

 

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Libro 1: La viajera del tiempo

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p-viajera-tiempoUna historia que te recuerda que se puede volver a creer en fantasías e historias mágicas. Te traslada a un mundo paralelo que podría darse en la actualidad, y qué quizá, posiblemente en el fondo te insta a desear ser uno de los protagonistas de esta cautivante historia de viajes en el tiempo.

Aún no la termino de leer para esta fecha. Pero ha sido la mejor elección que he podido tener para volver a sembrar en mí el hábito de la lectura en estos días.

Si te animas aquí más info.

 

 

 

Adiós de primavera en el museo

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Cuando estuve frente a la puerta respiré profundo para poder soltar un gran suspiro lleno de valor y tras ello entré al museo acomodándome los audífonos en los oídos. No quería que ningún sonido del exterior se filtrara en el ambiente que me estaba creando.

La música empezó a correr y yo empecé mi recorrido acompañada solo por ella. Para esa ocasión Chopin había sido el elegido, me había enamorado de sus sonatas y me conquistó con Spring Waltz así que la tomé prestada para ese día.

Mientras caminaba viendo las pinturas que decoraban el museo, identifiqué cada una de ellas en las que aquella vez contemplamos juntos. Sí las recordaba todas, y al volverlas a ver con detalle todos los recuerdos vinieron a mí  para decir su último adiós. En cada estadía de alguna pintura era el mismo ritual, contemplarla por unos minutos y ver cómo el recuerdo venía y se iba. Un ritual extraño para alguien que buscaba olvidar para ya no recordar, pero sí, así fue el mío para soltarte.

El museo estaba lleno, al parecer había alguna nueva muestra de visita, pero no importaba. No importaba que las personas me vieran derramar lágrimas en silencio, estoy segura que muchos pensaron que me conmovía por el arte, o por la historia, o por el detalle de esas obras maestras. Pero la realidad era que te estaba dejando libre, te estaba dejando escapar de mis recuerdos, no por una ocasión, sino para siempre o al menos eso me había propuesto.

Chopin me acompaño una y otra vez con la misma sonata, no le molestaba volver a tocar el piano para mí. Era el único al que había dejado formar parte de mi propósito con mucho sentido. Cada una de sus notas fueron perfectas para sostener la nostalgia, la tristeza y el adiós que decía y me invadía cada vez que estaba frente a una de las pinturas. Dolía pero sanaba al mismo tiempo decir adiós.

Me habían dicho que era una locura hacer de nuevo ese recorrido. Pero sabía que era la mejor forma de terminar algo por completo, y así sucedió, el circulo se fue cerrando, los recuerdos dejaron de volver otra vez, terminaron los supuestos y las expectativas de algo nuevo o de un reinicio. Y empezaron días con nuevas historias para escribir, Chopin y sus otros compañeros serían las fuentes perfectas para llenarme de inspiración y esperanza para empezar a fluir floreciendo.

 

—    FIN   —

 

Gracias Chopin 🙂

 

Confesión #11: Adoro las historias sobre Historia

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imagen: alancaceres.wordpress.com/

Historia no fue una de mis materias favoritas, pero hoy confirmé que adoro escuchar historias sobre Historia. Hoy mi profesor de Excel nos contaba acerca de cómo se definió usar ‘@’ para separar el usuario del dominio en los correos electrónicos y mientras lo escuchaba contarnos sobre cómo llegaron a esa tecla, me di cuenta que imaginaba cada detalle que decía. ¡Me encantó!

No sé si tenga que ver por la forma en cómo lo cuentan o sobre qué cuentan, pero me encanta escuchar sobre Historia, me da la sensación que suena mucho más interesante cuando me lo cuentan que cuando lo leo (a no ser que haya sido escrito de una forma especial) o cuando tengo que investigar algo. Eso suena a que soy floja averiguando sobre la historia, pero nada se compararía a escuchar a alguien que sabe mucho más que yo y que lo puede contar con confianza y emoción. 😉

Creo que podría pasar horas escuchando historias sobre Historia, para mí lo interesante es aprender detalles que antes no tenía ni idea y mejor si vienen de alguien que sabe de eso. Pero eso sí, yo no soy nada buena contando historias, por eso adoro escucharlas. 😛

 

“I really love you”

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Eres como un amor sincero que no acaba con el tiempo.

Los días pueden pasar, pero ninguno de ellos se lleva ni una sola parte de aquella emoción que siento cuando te veo.

Tus acciones, tus pensamientos, tus palabras, tus sueños, tus promesas y tus concejos solo demuestran y fortalecen tu imagen cuando te veo.

Eres como un amor soñado que solo perdurará con el tiempo.

Pero, solo el destino tendrá la última palabra del amor que ambos merecemos.

Pasaron los tres años que tenían que pasar, tal cual lo dijimos. Y como lo prometiste me buscaste. Yo ya había dado por perdida aquella opción que propusiste en ese entonces, pero al encontrar tu mensaje en mi bandeja de correos lo cambió todo.

Como siempre tus palabras escritas tan sinceras como tus palabras habladas. El encuentro fue el día indicado y como si lo supieses desde siempre, el lugar fue el apropiado.

Aún recuerdo tu mirada tierna, tu color canela brillar con la caída del sol, tu sonrisa cálida y la honestidad y sencillez que transmites cuando hablas. Y mientras lo hacías me perdía en tus palabras, era como si las podía ver como ellas se acomodaban a nuestro alrededor, sí, podía verlas de diversos colores flotando a nuestro alrededor, decorando el ambiente solo para los dos.

Me contaste de los mucho que habías avanzando, de todo lo que habías logrado y disfrutado haciendo todas las cosas que te gustaban. Y te seguí admirando, y no dude ningún instante en alegrarme por haber hecho aquella locura al momento del último adiós, al final de las clases, quien diría que eso sería el inicio de todo.

Aunque me distraía mientras me decías aquello importante que era el motivo de nuestro encuentro, no podía dejar de prestarte atención para capturar esos mensajes de entre líneas.

Te molestaste porque al final no pude darte una respuesta, quizá por temor, quizá por la sorpresa, quizá por la emoción, pero fui sincera al decirte ‘I really love you’.

Solo el tiempo y el destino nos conducirán al momento adecuado y si no fuera así, lo comprenderemos, o al menos yo lo comprenderé.

 

Continuación de “El momento del último adiós”

La rama que se convirtió en flor

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flor

Una de sus ramas quebradas por el viento cayó a un lado de la maceta en donde ella estaba, y por suerte cayó en otra que estaba vacía y junto a ella. Una  tristeza la invadió, no quería perder una parte de sí misma, pero sabía que no podía moverse, no podía ayudarla.

Cada día que pasaba la contemplaba, ella iba creciendo mientras que la pequeña rama de ella misma, se iba marchitando poco a poco. Le hablaba todos los días, le pedía que echara sus raíces en aquella tierra en la que había caído, pero la rama no quería hacerle caso, ya se resignaba a su muerte.

Como ningún día, unas manos empezaron hacer limpieza entre las macetas que intentaban adornar el pasillo de la casa, sacaron algunas hojas secas que estaban entre ella, las regaron y movieron la tierra de las flores para ayudarlas a que sus raíces sigan expandiéndose en el interior de las macetas.

Una mano tomó la rama  que había caído en la maceta vacía, notó que aún estaba con vida, la observó y vio que aún no había echado raíces, así que la ayudó. Movió la tierra, le hizo un espació y la puso en contacto con ella, sabía que necesitaba alimentarse, cubrió una parte de su tallo con tierra abonada y le dio agua.

La flor que había perdido a la pequeña rama se alegró y decidió hacer brotar otras flores para darle aliento a su rama que ahora estaba sembrada en otra maceta, ahora tenía su propia maceta. La acompaño fielmente durante varios días hasta ver que su rama empezó a levantarse, echando otras hojas y creando nuevos brotes de donde saldrían nuevas flores, ya empezaba a ser toda una flor.

Ahora las dos se tendrían de compañía y sabrían que aunque pierdan una parte de ellas habría alguien que las ayudaría a seguir creciendo para así convertirse en nueva flores.  

Nota: Volví a leer este cuento que escribí hace unos meses y he comprendido que sin querer quise decir algo con esta pequeña historia  😉 … tal vez confianza o fortaleza para continuar o seguir viviendo.

Odette, una comedia sobre la felicidad

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Portada: Odette, una comedia sobre la felicidad

“Las personas buscan la felicidad donde no la pueden encontrar; para ser felices hay que conocerse, sobre todo aceptarse” (Odette)

Así es, todos o en su mayoría casi todos buscamos la felicidad en cosas que no tenemos, y por eso vivimos ansiosos pensando que la felicidad vendrá con aquello que aún no tenemos, cuando en verdad la felicidad está más cerca de lo que podemos imaginar, está entre cada día que vivimos, está junto a las personas que tenemos alrededor y está en cada pequeña acción que hacemos para crecer como personas.

Odette, el personaje principal de esta película francesa es esa persona que está llena de felicidad con lo poco que tiene. Cuando empecé a ver esta historia , me pareció rara porque todo era tan sencillo y obvio, así que estaba a punto de dejarla a la mitad, hasta que me di cuenta cual era el truco de la vida de Odette. Ella convivía con la felicidad, y al igual que la historia, la felicidad es tan sencilla y obvia de hallarla solo que a veces no queremos verla.

Odette  es una persona mayor que ha logrado encontrar cómo ser feliz con muy poco. Es viuda, tiene dos hijos mayores, y no lleva una vida de lujos. Solo tiene el sueño de conocer a su autor favorito de novelas románticas, Balthasar Balsan, y con quien esta agradecido porque cree que le debe a él su felicidad. Sin embargo, Balthasar teniéndolo todo no es feliz, la vida hará que estas dos personas se crucen, él aprenderá de lo que realmente significa la felicidad y ella recibirá los obsequios más significativos por ser como es. Tienen que verla, es una forma cómica de conocer cómo ser feliz  y pues de aprender ver más allá de las simples acciones. 😉

Me encantó esta historia porque muestra cómo a veces ciegos por algo sin significado perdemos de vista la felicidad que está entre nosotros, y empezamos a creer que todo es difícil en la vida. “Siempre creemos que las cosas son complicadas  cuando no lo son” (Odette)

Les dejo el tráiler de la película y el link donde la podrán ver completa aquí, si se animan a verla 😀

Soberbia, una historia con moraleja

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from google images

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Encontré una historia de Eduardo Chaktoura, que puede explicar bien lo que es la soberbia, y quiero compartirla con ustedes.

Quien se confunda al levantar vuelo deberá saber planear, resistir y recuperarse.

(soberbia) Se sube al balcón, a la cima de la montaña y mira. Se siente por encima del otro, de los demás, como si realmente tuviera el poder de volar. Desde abajo, una hormiga, con su hojita en el lomo, le dice: “Cuidado, no te vayas a caer”. A diferencia del halcón arrogante, la hormiga, al menos esta hormiga, parece tener los pies sobre la tierra.

En otro tramo de la fila, un grupo de hormiguitas está detenido, admiran inmóviles el esplendor, las pumas y ese pico voraz. Junto a ellas pasa otra hormiga que, molesta de ser insecto, muerde entre dientes algo así como en definitiva, todos nos vamos a morir igual. La hormiga enojada no tolera la vanidad de aquel pájaro creído, que cree volar más alto.

¿Qué es volar más alto? ¿Qué nos hemos creído respecto de eso de que tú si que vas a llegar lejos? Quien confunda levantar vuelo con soberbia, en algún momento deberá saber planear, resistir y recuperarse del descenso o, de lo que es peor, la caída. Tampoco sirve de nada insistir con querer tener alas o creer que las alas son las que nos garantizan el poder de volar.  Habrá que saberse abrirse al mundo y sentirse igual a pesar de las diferencias.

Vuela alto quien al pasar siente la satisfacción de la brisa suave en el rostro; quien no desea más velocidad ni equipaje del necesarios; quien vuela en bandada, aunque lidere o haga punta; quien abraza cada uno de esos aleteos que nos llevan, siempre, hacia un destino incierto, del que no tenemos control, solo nuestro deseo.

¿Cuál es tu hoja de ruta? ¿Cuál es tu velocidad? ¿A donde estas yendo? ¿A dónde quieres llegar y a qué precio?

El autor es psicólogo y periodista (Eduardo Chaktoura)

…………………………………………………………….

Sus preguntas finales me hicieron pensar y recapacitar en el viaje que he comenzado, por ello comparto mis respuesta:

¿Cuál es tu hoja de ruta? Seguir mi plan que ido armando con cada experiencia que he vivido hasta ahora, hay posibilidades de cambio, porque cada hoja de ruta se adecua a como va yendo el vuelo.

¿Cuál es tu velocidad? lenta, pero segura, a veces quiero ir a toda velocidad pero ya he comprendido que nada se hace a la velocidad de la luz sin poder disfrutarlo. Siendo y sabiendo quien realmente soy será feliz.

¿A donde estas yendo?  estoy en el camino del encuentro conmigo mismo. Necesito y quiero saber quien soy haciendo aquello que me gusta.

¿A dónde quieres llegar y a qué precio? quiero llegar lejos, a un lugar en donde pueda decir aquí estoy yo y me quedaré por siempre. Quiero llegar a un lugar (no especifico) pero en donde pueda dejar mi huella. El precio es muy alto, hay sacrificio y riesgo que correr nada es fácil y gratis el precio lo pagamos nosotros y no alguien más.

Y ahora, cuales serán tus respuesta?

Encontrando a un ángel

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imagen: celene a.

imagen: celene a.

Un domingo a primera hora de la mañana, cogió su bicicleta y salió a toda velocidad. La primera canción que sonó en su MP3 era justa para iniciar lo que se había propuesto.

Mientras se alejaba cada vez más de casa, iba sintiendo la libertad que le faltaba. Creía que pronto le saldrían alas y que volaría para el cielo. Aun guardaba la idea de que los ángeles, aquellas imágenes de personas con alas que siempre había visto en las iglesias, si existían.  Pues según las historias de su abuelo así sería.

Se alejaba poco a poco del pueblo, pasando las calles desoladas y entrando a un denso bosque. Cuando lo hizo, el aire frío cambió por el fresco, y el olor  del pueblo por uno floral. La trocha era cada vez más dura, pero su determinación de llegar a lo más alto del bosque la hacía continuar. Pues tenía que estar ahí, antes que el sol saliera si no todo sería en vano.

Iba avanzando con prisa aunque con dificultad, hasta que una espina en el camino logro bajar la llanta de su bicicleta pero no la detuvo. Solo se aseguró que realmente las ruedas no daban para más, pues ya habían hecho su trabajo. Dejó la bici recostada en un árbol, y siguió a pie a toda prisa. Ya no faltaba mucho solo unos minutos, y estaría en lo más alto del bosque.

Luego de correr y caminar ya vencida por el cansancio. Llegó hasta la cima. El sol aún no se asomaba, pero ya se acercaba la hora indicada. Sacó una botella de agua de la mochila que llevaba con ella, y sentada en el pasto húmedo del suelo bebió un gran sorbo que logró saciar su sed.

Mientras miraba al horizonte, viendo cómo las nubes le hacían espacio a la salida del sol. Escuchó unos pasos cansados que se acercaban, se dio vuelta y dijo: – “mucho has tardado” “Estoy más lejos tú, y he llegado antes!” 

– “No te enojes, también he sufrido para llegar. Vi tu bici parkeada en un árbol y entonces supe que ya estabas aquí. Así que me apresuré lo más que pude” – le contesto un chico mientras se quitaba una gran mochila de la espalda.

– “Pues debiste levantarte más temprano!” – requintó ella.

– “No me llames la atención que no eres mi hermana mayor” “Además estoy aquí a la hora indicada, eres tu quien ha venido antes, por propia voluntad” – le dijo él mientras se sentaba junto a ella.

El, un amigo del barrio, había aceptado acompañarla a aquel lugar, luego de escuchar la historia que ella le contó tal cual su abuelo le había narrado. La sorprendente historia lo había cautivado tanto, que la convenció de ir la mañana siguiente en busca de lo que ella quería comprobar según lo que su abuelo le había contado. Él le había prometido llevar algunos equipos que la ayudarían, y ella había aceptado con mucha emoción. Pues había encontrado a otra persona que se interesara por las increíbles historias de su abuelo, y lo que más la alegraba era que esa persona, también estaba dispuesta a ir  en busca de todas esas evidencias que volverían reales o falsas todos los cuentos de su abuelo.  

– “Bueno! Has traído lo que me dijiste?” – pregunto ella mientras guardaba su botella entre sus cosas.

– “No es que lo haya traído. Sino que lo llevo conmigo” – le respondió él con misterio – ‘He traído algo de comida, antes de empezar con lo que te prometí’ – continuó mientras abría una bolsa de tela, con panes dulces y salados que había traído de la panadería y se los ofreció.

Ella acepto comer algo, su emoción de la noche anterior no la había dejado comer bien. Había esperado por esa mañana con muchas ansias. Así que su estomago ya le estaba reclamando.  Comió dos panes con muchas ganas y muy rápidamente. El le ofreció más pero ella se negó. Entonces el comprendió que ella ya no podía esperar más. Así que guardó su bolsa con los panes restantes y se paró. 

–  ‘Ha llegado la hora’ – le dijo mientras la ayudaba a levantarse al lado de el.

Ella no dijo nada, sus ojos no dejaban de ver el horizonte. El cielo empezaba a despejarse más y un fuerte resplandor se veía detrás de los  cerros. El sol estaba espesando a salir. 

–  Tienes que dar unos pasos atrás – le dijo él mientras la ayudaba a retroceder.

– Cómo que más atrás?  – pregunto – Se supones que tengo que verlos!  Como los veré si me alejas de la orilla. – continuó reclamando ella.

– Solo hazme caso. Ya veras que desde donde estas podrás ver uno muy cerca – respondió  intentando calmar su reclamo. El dio unos pasos  más delante de ella poniéndose en su enfrente, esperando al sol que estaba saliendo.

Ella Siguió quejándose de su ubicación, temía que su esfuerzo  de estar ahí tan temprano y comprobar la historia de su abuelo, acerca de los ángeles se echara a perder por las indicaciones de un viejo amigo que siempre tenía la razón. Enojada por ello empezó a caminar hacia él hasta que la fuerte luz del sol la hizo detenerse. Tapó sus ojos con sus manos protegiéndose, hasta que escuchó un sonido extraño que no logró reconocer y una sombra repentina la ayudo con la incomodidad del resplandor que le daba en su rostro.

Quitó sus manos de su cara. Ya estaba frente a él a unos tres pasos. El sol ya había salido, pero no la incomodaba a ella pues la gran sombra que le llegaba, era la de las alas de él. Las que se habían abierto, justo con la salida del sol.

No dijo ni una palabra, solo dio los tres pasos que la separaban de él. Y lo abrazó. El correspondió rodeándola con sus brazos y alas a la vez.

Cuando Regreses

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Cuando regreses ya no te recordaré porque no podré reconocerte. Habré olvidado todos los buenos momentos que compartimos y que los mantenía como recuerdos.

Cuando regreses no podré saber quien eres y ni quien fuiste. Tampoco sabre que tan especial fuiste para mí.

Cuando regreses solo estas líneas te dirán que yo quería aun mantenerte en mi memoria, pero no pudo ser así.

Cuando regreses y yo vuelva a leerlas, sabre que un día fuiste esa persona que estuve esperando.

Las lágrimas no dejaban de brotar en sus ojos mientras escribía aquella nota que mantendría con ella, y la que volvería a leer cuando el regresara. La situación empeoraba y no quería olvidarlo todo, sin antes guardar muchas hojas llenas de pensamientos y recuerdos de su vida y de quien había sido ella.

No podía imaginar un futuro porque no lo recordaría cuando este llegara. Tampoco podía soñar porque no sabría si algún día se hicieron realidad. Solo aguardaba a que el proceso de pérdida de memoria que le habían pronosticado se pusiera en marcha, por la enfermedad que la había estado consumiendo en los últimos años. No le habían dado fecha exacta, solo sabía que le quedaba poco tiempo el cual ya lo sentía  en los ataques en blanco que tenía.

Duraban 10 minutos, no importaba donde estaba y que hacía. De pronto su mente estaba en blanco. No sabía quien era, ni donde estaba ni el porque y ni el para qué de sus acciones. Esforzaba su mente para recodar pero no lo lograba, solo un inmenso dolor la invadía, tan fuerte que solo un profundo sueño lo lograba calmar. Y al despertar, solo se sorprendía cuándo y cómo es que había decidido tomar una siesta.

Por las aquellas circunstancias había decidido permanecer en casa, tenía todo lo necesario. Y si tenía que salir sabía que alguien de la familia tenía que acompañarla.

Las situaciones empeoraban cada vez más y con más frecuencia. El tiempo de decir adiós a todo su pasado y a todos los recuerdos se acercaba. Un nuevo comienzo, una nueva vida, una nueva ella vendría, y lo que sería como un nuevo nacimiento tardío a los 28 años.

 Continuará…

 

PD: Esta es  una canción que me gusta mucho (Penélope – Diego Torres) Y la que me recuerda una de mis situaciones imaginadas, de que pasaría  si pierdo la memoria?